Ramiro Lacayo: “Rebrotar”
La exposición «Rebrotes» del pintor nicaragüense Ramiro Lacayo Deshón, se presenta en el Salón de los Cristales del Teatro Nacional Rubén Darío en la ciudad de Managua, como una muestra de expresionismo abstracto que evoca la resiliencia y la renovación emocional a través del color, la mancha y la textura. La trayectoria del artista abarca disciplinas como el cine, la arquitectura y la literatura, lo que impregna sus lienzos de un ritmo visual dinámico y profundidad expresiva.
Luis Morales Alonso, reconocido artista plástico, museógrafo y codirector del Instituto de las Culturas de Pueblos y Juventudes de Nicaragua, ligado a la curaduría y presentación de la obra de Lacayo (curador de la primera exposición en la que el artista participó en el año 2000, titulada “Materia Nueva”), es autor del análisis de lo expuesto para su texto curatorial que secciona en cuatro núcleos estéticos:
La gestualidad del trazo: El uso del trazo libre e improvisado pero controlado bajo el rigor técnico del expresionismo.
El juego cromático y el alto contraste: La saturación, fuerza del color y el manejo de los contrastes visuales a gran escala.
La transición de lo figurativo a la abstracción pura: El proceso en el cual las formas de la realidad se disuelven para dar paso a la fuerza de la materia y el color.
La pintura como diálogo interno: El enfoque conceptual donde el lienzo se convierte en un espacio de correspondencia y conversación emocional directa con el espectador.
Rebrotar en el arte
Representa una fuerza vital renovadora de la existencia, resiliencia creativa e insistencia de propósitos para abrirsepaso a través de la materia. De alguna manera nos relaciona con la teoría de los rizomas de Deleuze y Guattari publicado el original en francés en 1976. Implica entender este gesto pictórico que desglosa el impacto de esta propuesta en profundas dimensiones:
El significado de "rebrotar" en el expresionismo abstracto, para Ramiro Lacayo, es el lienzo, pero no es representación pasiva, sino un campo de batalla existencial.
La metáfora de la naturaleza de rebrotar alude directamente a la botánica: es la acción de una planta que, tras sufrir una poda drástica, un periodo de sequía o un incendio, vuelve a generar tallos verdes; y esto encuentra un parangón para las existencias humanas que necesitan reinventarse.
La renovación estética implica el trasladado de esta concepción conceptual al arte de Ramiro, significa sacudirse el letargo, la oscuridad o las fórmulas gastadas del pasado que deben someterse al ejercicio de volver a brotar, quizás como un rizoma que nadie sabe cuándo y dónde, la única certeza es que lo hará.
Esta podría ser una declaración de que el arte nicaragüense no se detiene en la melancolía y los abismos de su realidad, sino que halla una fuerza volcánica y regenerativa a través de la pintura actual.
"Rebrote" como gesto pictórico
Cuando el término se convierte en acción sobre la tela, el se traduce en una técnica física e intuitiva. Refiere al trazo pulsante la cual no es una pincelada tímida ni estrictamente controlada; se manifiesta en líneas, empastes y goteos (dripping) que nacen de un núcleo y parecen expandirse orgánicamente por el cuadro.
La explosión policromática se origina al utilizar el color como un catalizador de energía. El rebrote es ese instante donde un color "rompe" o emerge desde capas subyacentes más oscuras o neutras, simulando el nacimiento de una nueva materia viva sobre la superficie.
Como energía del movimiento incide en el gesto que deja la huella del cuerpo del artista en movimiento, proyectando una sensación de urgencia, libertad y vitalidad indomable que se esparce de esquina a esquina en la tela.
En el panorama contemporáneo, este concepto adquiere una fuerte carga poética y cultural, que implica la resistencia a través de la vitalidad. Frente a contextos históricos o sociales difíciles que a menudo imponen estéticas sombrías o de desencanto, el rebrote es una postura socializadora e íntima, que significa afirmar que la belleza, la luz y la creación libre son formas de resistencia esenciales. El cuadro se convierte en un espejo de nuestra propia vulnerabilidad, pero sobre todo, de nuestra infinita capacidad para regenerarnos.
El giro nicaragüense: De Nueva York al trópico volcánico
Esta obra de Lacayo Deshón enciende un diálogo explícito y devoto con los maestros de la Escuela de Nueva York. De hecho, en su trayectoria cuenta con una serie titulada precisamente "Conversaciones con el expresionismo abstracto", lo que demuestra que su trabajo en exposiciones como "Rebrotes" no surge en el vacío, sino que absorbe y reinterpreta esa hegemonía de la abstracción pura.
Mi comentario crítico personal para este comentario gira en torno a la pureza del movimiento estilístico que al verse contaminado por reminiscencias de lo figurativo pierde esencialidad, en tanto este artista también juguetea con la figuración, técnica, recursos y lenguaje que según mi criterio debilita su aporte al introducir las figuras humanas en ese espacio ilusorio, y que de alguna manera me evoca a otros referentes nicaragüenses.
Un punto crítico es notar cómo Lacayo "traduce" esta hegemonía referencial. Traslada esos códigos estéticos a la sensibilidad latinoamericana y volcánica. El expresionismo abstracto en sus manos pierde la frialdad industrial neoyorquina y se tiñe de la luz encendida, la exuberancia vegetal y la resiliencia histórica propia de Nicaragua. No copia a los referentes; conversa con ellos desde su propia trinchera geográfica y emocional.
Ramiro Lacayo no pintan la naturaleza copiándola del natural en el momento, sino desde el recuerdo y la evocación.En el caso de su coterráneo Armando Morales afirmaba que guardaba retazos de la selva en su memoria subliminal para luego plasmarlos de manera espontánea. El pintor que estudiamos hereda este diálogo interior, traduciendo la nostalgia y la fuerza del paisaje de su país a través de capas abstractas donde el entorno verde actúa más como un estado mental que como una evocación geográfica.
Estos "rebrotes" de Lacayo dialogan directamente con las raíces estéticas sembradas por Armando Morales u otros maestros en el mapa mesoamericano, es una tropicalidad indómita y metafísica, fuertemente inspirada en zonas lacustres, humedales y ríos trasfronterizos. Esos escenarios verdes, densos y cargados de humedad reaparecen conceptualmente en Rebrotes, evocándonos uno de los temas más célebres de Armando Morales como es el de las "bañistas" o desnudos femeninos integrados de manera volumétrica y estatuaria en entornos acuáticos e impregnados de misticismo vegetal; una memoria topográfica del cuerpo inmerso en la geografía lacustre y volcánica nicaragüense.
Conclusión: El lienzo como pantalla
La exposición de Ramiro Lacayo Deshón en el Salón de los Cristales no es solo un tributo a la hegemonía del expresionismo abstracto norteamericano; es una traducción viva de sus códigos al lenguaje del trópico y de su propia biografía creativa. En "Rebrotes", la furia matérica de De Kooning, la coreografía corporal de Pollock y la lírica luminosa de Sam Francis o Tobey con esos trozos de luz convergen en una pintura que pulsa con urgencia de profundizar. Para descodificar este "rebrote" pictórico, es indispensable entender que Lacayo no solo piensa en colores y texturas, sino también en imágenes en movimiento y palabras; debido a su faceta como cineasta quien dota a sus lienzos de un sentido del ritmo, del encuadre y del tiempo casi cinematográfico; el lienzo funciona como una pantalla donde las fuerzas abstractas entran, colisionan y se esparcen en una narrativa visual esperanzadora.
LFQ. 1 de Noviembre 2026
(La investigación y contenidos es de mi autoría; la retórica la aporta la IA)





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