Willy Sánchez: No darse por vencido y el cultivo de la esperanza
Repaso muy a menudo una y otra vez los dibujos de este artista paraiseño William (Willy) Sánchez (1964), a quien conocí muy joven, quizás a inicios de la década de los ochenta del siglo pasado; hoy es ya un hombre maduro en todo sentido, pero en el fondo no ha cambiado nada. Dicen que los artistas llevamos en la entraña un niño el cual no nos abandona jamás, va con nosotros a donde quiera que vayamos.
Pero importa seguirlo en su camino del arte marcado por vicisitudes de la existencia, azotado por vendavales del tiempo atmosférico, aunque él no se fije en la métrica del reloj y por ende del tiempo calendario, o no le importe, pues son más mundanos o nada poéticos, son signos que exasperan cuando urgimos marcar una huella de lo vivenciado a cada paso, a cada minuto, hora, día, nos mantiene encarcelados y el tiempo nos trastorna.
No Willy, a él estas tensiones de lo temporal no lo afecta, tampoco esa montaña que parecen desplomarse encima. Desde sus primeras experiencias artísticas demostró que todo eso le vale nada (por no decir otro vocablo de la jerga popular algo vulgar).
Lo realmente importante para él es el momento creativo, cuando se sienta con todo el tiempo del mundo a cargar de trazos al papel, no al arte, éste en tanto es una abstracción o actividad se mantiene incólume, nadie ni nada lo afecta: el arte es el objetivo que aborda cada día, la técnica es herramienta, a él le toca cargar la energía y el pensamiento o contenido que se vuelve reyerta o campo de batalla cotidiano.
En el fondo, esa razón tan compleja que denominamos creatividad, solamente es un impulso advertido en el instante de crear, pero una vez terminada la obra nos deja en paz. Ya vendrán nuevos retos.
A partir de ese momento el artista empieza a resarcir fuerzas para dar otra vuelta a la página, empezar un dibujo nuevo con lo trascendente que es, pues es parte de dar cara a la vida. Eso quedó o quedó, tampoco debe desvelarnos.
El arte es un continuum en el cual entramos y salimos airosos o a veces derrotados, cuando nos perdemos rompemos el papel, (en mi caso personal siempre me propongo sacar provecho al material, por su alto costo), pero también por convicción, estoicismo, reinventarlo traerá consigo un nuevo desafío p escaramuza para volver a empezar de cero.
Filosofía del arte
Pero ya que referencie esta estructura del pensamiento crítico y estoico, quisiera compartir una lectura que hice en su página de FB. Sin embargo esta declaración es lo que recojo a diario en esos recodos de la ruta que ha traspasado nos dice tanto como leemos en sus dibujos que develan los matices de su existencia, no dice que aún tiene mucha fuerza para continuar el camino, que a pesar de la enfermedad, los tratamientos, y las contingencias que conlleva él posee un corazón lleno a amor hacia los suyos que lo acompañan día y noche y a quienes realmente él les importa.
Por lo tanto, transcribo lo publicado por él con sus dibujos en su página, es que a veces creo que se vuelve en el grito: ¡Espejito, espejito…!
“Siempre estoico...
Recordando a mis viejos amigos, Marco Aurelio, Epicteto y Séneca me doy cuenta que la enfermedad es un impedimento para el cuerpo, pero no para la mente. Hay que enfrentar la enfermedad como parte del orden natural, no como un castigo... Es una oportunidad para practicar la valentía, la paciencia y la templanza. Al fin morirás no porque estés enfermo, sino porque estás vivo..., ese final aun nos espera cuando hayamos sanado...
Deberíamos tratar las sensaciones dolorosas como perros salvajes. Nos morderán y desgarraron los talones cuanto más intentamos huir presas del pánico, pero a menudo retrocederá si tenemos el coraje de darnos la vuelta y enfrentarlas con calma...”
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