Carmen Naranjo: “Árbol de la abundancia”
Carmen Naranjo Un “Árbol de la abundancia”
Conocí a Carmen Naranjo Coto (Cartago 1928 – San José 2012) por un amigo en común el pintor también fallecido en 2025 Luis Chacón, cuya obra le era cercana y también la referencia. Juntos compartimos momentos de solaz y camaradería, e intensas conversaciones de cosas que sólo a una gran artista como ella le cruzan el pensamiento creativo y capacidad crítica, el mismo que fluyó en vistosos tratamientos plástico-visuales, de un don más con que la impregnó la Naturaleza: Su capacidad de sacarle una suerte al infinito poético, en el cotidiano reto a sí misma, que la confrontó sin ningún temor a los grandes enigmas.
En la existencia algunos artistas son como el gran árbol de la abundancia (así titulaba las obras dibujadas por el maestro indígena nonuya de la amazonía colombiana, Abel Rodríguez 1941-2025), estos artistas son quienes nunca cesaron de sorprendernos, así como fue esta escritora poeta costarricense a quien hoy presentamos, y que de un momento a otro nos sorprendió por sus dibujos de provocadora factura técnica y estilística, exhibidos por primera y única vez en las salas expositivas del Museo Calderón Guardia en San José, y lo hizo en un gesto de extrañamiento por las campiñas engarzadas como preciosas joyas en su tierra natal.
Artistas nacidos en la provincia de Cartago, como lo fue Carmen, migraron a San José seducidos quizás por los goces capital-centristas, propias de los centros, sin embargo, retornan al dejar seres queridos en la vieja metrópoli, o simplemente por volver a ojear aquel regazo materno, útero existencial por donde fuimos paridos: el fogoso entorno natural el que jamás abandonaron, como también se suma la cultura, pues, como dice el poeta martinico Edoard Glissant en su libro “Poética de la relación” 2018, llevan consigo sus propios abismos, portándose en la entraña a donde quiera que vayan.
Carmen Naranjo fue escritora, política, diplomática, reconocida por su extensa creación literaria en géneros de poesía, ensayo, narrativa y teatro, nos sorprendió a todos cuando exhibió sus primeros y últimos dibujos, atributo de su heredad, como lo fue su vida, mostrando aquel signo irreprensible en su abordaje al “Árbol de la abundancia”.
Tituló aquella propuesta “De la palabra a la imagen”, trascendiendo también los que realizaba como apuntes en sus reuniones burocráticas, trazando cientos de bocetos en tarjetas e invitaciones, visión en la cual que enmarca con aquel cuadrilátero en la pared.
El Semanario Universidad del 28 de febrero de 2018, publicó un comentario de José Eduardo Mora que nos recuerda el juego de la ventana en sus obras:
“Los primeros dibujos están caracterizados por la recurrencia del tema de la ventana.”
El periodista Mora, a su vez, refiere a las palabras de Luis Núñez director de ese museo:
“Esa es una forma de la autora de comunicar que le interesaba esa mirada hacia afuera, pero, al mismo tiempo, la ventana como metáfora permite que el otro se adentre en su mundo, en su intimidad, en sus miedos y en sus preocupaciones como ser humano”. (Núñez, L. 2018, texto de pared en la muestra)
(https://semanariouniversidad.com/cultura/exposicion-acerca-obra-carmen-naranjo-al-costarricense/)
La ventana catapultó a esta artista a abordar el árbol, el bosque, la montaña, eran “árboles de la vida”, que representan la memoria y esperanzas de la comunidad en la cultura material, permitiendo acercarse decidida a la inmaterialidad del arte.
Por otro creó un puente con la obra del artista nonuya, que el sitio colombiano en línea Alba caracterizó:
“En “El árbol de la vida y la abundancia” (2016), el artista colombiano Abel Rodríguez recrea el mito de origen de su pueblo. De la copa generosa caen los frutos que alimentan todo un ecosistema. En cada uno de sus delicados trazos condensa las claves para una vida en armonía con el resto de las especies”. (Alba, 2016).
https://www.facebook.com/museomalba/posts/-en-el-árbol-de-la-vida-y-la-abundancia-2016)
En el libro publicado por Dinorah Carballo, titulado “Entre el hecho estético y la forma”, 2002, una buena cantidad de invitados razonaron acerca de la creatividad, y la misma Carmen Naranjo, escribió:
“Poco a poco la luz expresiva va entrando en los aposentos íntimos de los personajes, sucesos y ambientes, para suprimir lo innecesario y abordar lo esencial. Ya con esta cadena de elementos se está ante la presencia de la obra”. (Naranjo, C. 2002).
Ligia Córdoba Barquero del canal de la UCR, publicó un video titulado “Una vida sin miedo” 2003, la presentó como a toda gran poeta, Carmen, sentaba en su aposento del escritorio, donde no cesaba de atisbar hacia el entorno cercano aquel boquete, signo irrefutable de la abundancia simbólica con que le premió el arte, que contenía además su percepción de lo sonoro por la musicalidad del canto de las avecillas que merodeaban el lugar; mientras tomaba un café y disponía a sentir el hervor de sus propias palabras que recompone una y otra vez sus versos para reinventarse a sí, antes de que sus dedos eterniza esos versos en el blancor del papel.
La actividad creativa de Carmen la distingue en tanto trabajaba analizando la estructura compositiva de sus piezas, asimilada el inconfundible estilo de los “quilquis”, hechos de retazos con telas de diversos colores y estampados, pero también, un resquicio por el cual referenciar a artistas como Raquel Villareal, otra artista dibujante nacional ganadora de la Medalla de Oro del V Salón Anual de Artes Plásticas, 1996, cuando dicho nodos culturales se exhiben en las Salas Sur del Museo Nacional. Carmen son de una sazón hecha de pequeños signos de un vocabulario poético, como los textos formados por cada una de estas formas que tienen una función precisa en el lenguaje escrito, y encuentran un símil en esos grafismos apropiándose de la sintaxis de la natura portada en la entraña. En vez de las fastidiosas espirales del estilo primitivista, ella las transforma en flores, caracoles, arbolitos, hojas, espigas, y sin olvidar su contundentes cuadriláteros, imprecisos, cambiantes, sin aferrarse a lo académico.
Ella en tanto es escritora necesitaba la referencia a la página en blanco, el vacío del formato geométrico en el cual intuir las tensiones perceptivas componentes de su imaginario simbólico, pero, además, tal y como se dijo, representar la ventana para avistar el verdor de sus profundas interioridades, o por el contrario ver desde su interior el entorno de la habitación.
Carmen demostró que el dibujo no era nada ajeno a la literatura, sino una extensión de la palabra, su palabra, su poética de grafismos que pueden ser apreciados como vocablos, y que ella nombraba: “fantasías aisladas”, brotando desde el encanto que tiene la primera idea abocetada en un soporte cualquiera, para llevarla a papeles propicios a su técnica y materialidad.
La metáfora de la morada e intimidad liberadora era mediada incluso por lo irreverente de su carácter personal, combativo, sumido en las escaramuzas existenciales o campo de batalla de la artista ante las tensiones de la imaginación y el acto creativo, o como la subida a la misma cima de la Cordillera Volcánica Central, que Cartago, ciudad natal, tiene en frente. Es el signo más potente que nos develó con su obra: la oquedad en el muro que le comunica el exterior con el interior, para la mirada y entrada de luz o aire fresco, que amplificaba al asombro al abrir ese boquete y develar el paisaje, luz entrante a la habitación, y los horizontes insospechados que le ofreció el arte.
LFQ, Mayo 2026
Luis Fernando Quirós, Mayo de 2026
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