“Abstraccionismo Telúrico” de Sobalvarro en MESóTica II: Centroamérica Regeneración
Analizar a más de treinta años los legados de la muestra MESóTica II: Centroamérica re-generación, inaugurada en noviembre de 1996 en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, e itinerancia europea lo cual sustentó el imaginario mesoamericano contemporáneo y ancestral exponiéndolo en escenarios de alta visibilidad, revalora esta propuesta curada por Virginia Pérez-Ratton y Rolando Castellón en los inicios del MADC. Encendió el combustible impulsor del hito definitivo que consolidó el poliedro de manifestaciones artísticas de esta región; y uno de estos artistas fue el maestro nicaragüense Orlando Sobalvarro (1943-2008), a quien me propongo tributar este homenaje refiriendo a su amplio legado en pintura y escultura; pero, y sobre manera, al dar luz al arte originario ancestral del continente.
“El Vuelo del Amerrisque”
Primero que todo explico que Amerrisque es el nombre de unos cerros en la región de Chontales, entre el Lago de Nicaragua y la costa del Caribe, cuyo nombre deviene del maya quiché y significa: “tierra de vendavales; un término presente también en la jerga artística del chamán mesoamericano Moyo Coyazitl (Rolando Castellón, quien lo marca como el núcleo de su origen y creatividad, sustentada en el barro y materias vernáculas del entorno).
El arte contemporáneo centroamericano posee uno de sus principales pilares en MESóTica, la cual circuló por Madrid, París, Roma, Turín y Apperdorn Holanda. La obra de Sobalvarro, consolidó a lo largo de su trayectoria una propuesta visual calificada como "abstraccionismo telúrico”, inmersión mística en el paisaje geológico y el sustrato arqueológico de su tierra natal.
Entorno sagrado
Chontales y la Cordillera de Amerrisque, crestones sacudidos por las ventiscas del istmo centroamericano, es óptimo para comprender la visualidad de este artista, en tanto es imperativo situarse en la geografía para comprender su modelo morfológico y figuración estilística, que si bien alude a la iconografía de glifos y la escultura chorotega, evocando los rituales vernáculos originarios.Se trata de un tratado iconográfico y matérico que visiona hacia aquella serranía, no es un mero accidente geográfico sino que Sobalvarro lo convierte en un catalizador estético que cohesiona el arte de esta parte de la cintura continental que fue llamado América en honor al cartógrafo italiano pero Castellón reclama que el verdadero nombre desde antes de la colonización es el de Amerrisque.
Las formaciones de esta geografía, con sus líneas sinuosas y su imponente presencia terráquea, definieron la morfología y cromática de los lienzosSobalvarro, quien fue un verdadero intérprete de esas curvaturas emblemáticas, traduciendo la escala del paisaje a una abstracción orgánica de cromática terrosa.
En algunas de sus series como “Canto de Amerrisque” o “Amerrisque en vuelo”, el pintor liberó a la montaña de su peso físico para transformarla en un símbolo de ascendencia espiritual que hace honor al nombre del departamento: La Libertad; centro del país.
Huella y herencia
El giro radical de Sobalvarro frente a la abstracción inicial y tradicional, que encuentra referentes como el mismo Armando Morales y la cual se deriva de los textiles, cerámica, escultura y arquitectura mesoamericana, radicó en su comunión con el arte rupestre ancestral de Nicaragua. Chontales es un territorio densamente poblado por vestigios originarios destacando sitios como los petroglifos de “Piedra Pintada”. Más acá en la zona Norte de Guanacaste, Bagaces, existen monumentos arqueológicos rupestres con pintura orgánica en sus paredes como el sitio del “Mico Pintado”, con la misma gama terrosa usaba por Sobalvarro. El pintor reinventó pigmentos de estas piedras talladas y de la cerámica amerindia un repertorio de códigos visuales que reformularon su paleta, trazo y morfología. Integró una iconografía antropomorfa y zoomorfa en composiciones abstraídas al mínimo, fundiendo el pasado prehispánico con el presente nicaragüense, y creando un minimalismo místico. Dicha paleta cromática, tal y como se dijo, se volvió sobria y telúrica, emulando los pigmentos minerales, ocres, negros y tonos arcillosos característicos de la alfarería indígena de la Gran Nicoya, y, por qué no decirlo ya que referimos tanto a esta tierra de lagos y volcanes, al color que se deriva de lo magmático.
El grupo Praxis
Al formar parte del histórico Grupo Praxis en los años sesenta y setenta, Sobalvarro ya buscaba una pintura con texturas densas, arenosas y matéricas, donde el lienzo mismo pareciese un fragmento desenterrado de la corteza terrestre o una vasija ritual rota excavada del terreno.
Praxis fue una agrupación que cultivó la estética propia de la materia orgánicay y la conciencia social. Fundado originalmente en 1963 por figuras como Alejandro Aróstegui, e integrado por creadores de la talla de Orlando Sobalvarro, Leoncio Sáenz, Leonel Vanegas y Róger Pérez de la Rocha, el gruporindió una ruptura radical contra la pintura puramente decorativa y académica.La materia como discurso e influido por el informalismo y el arte matérico, motivó a los miembros de Praxis a incorporar elementos no tradicionales a sus lienzos: arena, texturas volcánicas, desperdicios, polvo y gruesas capas de óleo. Esto no era solo un truco técnico; la materia áspera encarnaba la piel misma del territorio con sus caracteres topográficos.
La propuesta crítica de Praxis radicó en la paradoja de usar la abstracción —que en Europa a menudo se consideraba alienada o burguesa— como un vehículo de toma de conciencia sociopolítica y búsqueda de la identidad nacional asimilada en el lienzo: desnudar la realidad rugosa, telúrica y sufriente de este país centroamericano y carácter que se extiende al resto de Mesoamérica.
Sobalvarro en MESóTica II.
Canto de Amerrisque
Esta icónica serie (a menudo citada líricamente en catálogos como parte de sus grandes series dedicadas al paisaje de Chontales) funciona como el manifiesto visual de la madurez del maestro Orlando. La obra abandona la perspectiva geométrica tradicional, organiza el plano a través de franjas y bloques que sugieren los estratos geológicos de la Cordillera de Amerrisque. La montaña pierde su rigidez mineral para convertirse en una silueta orgánica, rítmica, casi en estado de levitación.
Fiel al espíritu de Praxis, la superficie del cuadro era densamente trabajada, con colores predominantes como los tonos tierra, los ocres profundos, los negros de humo y los óxidos, valorando directamente los pigmentos de la cerámica precolombina y las texturas de los petroglifos tallados en piedra.
El título de algunas obras, “Canto o vuelo de Amerrisque” alude a una dimensión mística y sonora. Los signos flotantes en el lienzo actúan como una partitura visual: es la geografía ancestral de Nicaragua emitiendo un canto antiguo. Sobalvarro logra que el pasado originario que sustenta hoy nuestra cultura actual no fuera algo muerto y enterrado, sino una energía vibrante que se eleva a través del arte.
Sobalvarro en MESóTica II
El reconocimiento de esta originalidad estética encontró su plataforma global, tal y como se dijo, a mediados de la década de 1990 con Mesótica II / Centroamérica: re-generación. Inaugurada originalmente en noviembre de 1996 y a inicios de 1997 en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo marcó un antes y un después en las prácticas artísticas del istmo: fue la primera gran exposición de investigación orientada a visibilizar y difundir de forma internacional la producción artística contemporánea de América Central.
Su premisa estética estuvo en generar un diálogo entre las raíces arqueológicas, la ironía colonial, la guerra y la regeneración. Se recuerdan los metates en granito tallados por Regina Aguilar, y las tortillas impresas con rostros de niños quienes miraban hacia un biberón que estaba entre barrotes de Xenia Mejía, ambas hondureñas. Tenemos muy presentes las instalaciones de Raúl Quintanilla también de Nicaragua con sus metrallas y vasijas originarias atravesadas por una espada, así como aquellas reminiscencias del traje femenino marcado por el ultraje de la Patricia Belli. La evocación a las Repúblicas Bananeras de Moisés Barrios y las sillas quemadas de Isabel Ruiz de Guatemala, cuya quema antes de la inauguración de la muestra se convirtió en el símbolo de un arte de resistencia, indómito referente de la fuerza de nuestra sangre mesoamericana. Entre tantos otros artistas de todo el istmo. Esta representación cruzó el Atlántico para confrontar la mirada eurocéntrica con un lenguaje contemporáneo que no imitaba los cánones occidentales, sino que los desafiaba desde la periferia.
Estaciones de la itinerancia
La exposición se presentó en Madrid y París, donde la crítica internacional elogió la vigencia de los discursos políticos, de género y de identidad del istmo.En Roma y Turín, espacios donde el arte matérico centroamericano resonó con las vanguardias históricas locales, mostrando una "resistencia cultural" a través del barro y la memoria. Evóquese que, la cuna del arte matérico fue precisamente esta ciudad de Turín con el Arte Povera impulsado por el crítico Germano Celant. Apeldoorn (Países Bajos) consolidó el impacto de la muestra en el norte de Europa.
Dentro de este grupo de artistas, las piezas de Orlando Sobalvarro operaron como el anclaje sagrado y místico de la exhibición. Mientras otros creadores abordaban la inmediatez de la posguerra centroamericana o la instalación política, las telas del maestro originario de Chontales demostraban que la verdadera vanguardia también podía ser un ejercicio de una poética que emergía de la arqueología espiritual. Sus jeroglíficos abstractos y sus texturas terráqueas le recordaron al público europeo que Centroamérica poseía una sensibilidad milenaria, viva y en constante mutación.
Legado del maestro nicaragüense
Radicó en haber demostrado que lo local es universal. Al codificar las piedras pintadas de Chontales y el perfil del Amerrisque bajo las leyes del abstraccionismo contemporáneo, salvó al arte originario ancestral de la categoría de mero "objeto de museo", para devolverle su potencia creadora, con
Mesótica II demostró que nuestra herencia originaria no era un asunto folclórico, arqueológico o del pasado, sino un lenguaje vivo y perfectamente válido para discutir la modernidad y descolonizar nuestro arte. Uno de los aspectos destacados por la crítica en la prensa italiana, y lo afirmo en tanto fui responsable del montaje en la cabecera del Piamonte, Turín, y en la ciudad eterna, Roma, presentí que lo que ellos esperaban era una noción folclórica del arte centroamericano y de tienda de hotel o aeropuerto que era lo que se exhibía en Venecia en sus años más oscuros cuando a los artistas del Istmo los seleccionaban a dedo en las embajadas. Pero a partir de este proyecto de MESóTica II todo cambió. En el corpus de la muestra algunos artistas abordaban de forma directa la crudeza de los conflictos armados recientes en el istmo (como la posguerra en El Salvador o Guatemala), los artistas de esta región ponían sobre la mesa una dimensión distinta de la "re-generación" regional: la identidad espiritual e histórica profunda.
La ya gastada visión del mal llamado arte “precolombino” mudó su piel paradejar de ser percibida como un eco del pasado colonial imponiendo una vanguardia telúrica viva y sacra. En aquellas salas del IILA en “Via dei Pettinari· en Roma y en el Doc´s Dora de Turín, el “Canto de Amerrisque”· no solo dialogó con el peso de la historia clásica europea, sino que hackeó el circuito internacional demostrando que el arte mesoamericano contemporáneo dejó de ser el estereotipo exótico para mostrar una densidad estética y espiritual capaz de reconfigurar la geografía del arte global.
Recapitular para concluir
La invención de una "Región Cohesiva" sin fronteras nacionalistas radica históricamente al ver a los países de América Central operando no como islas culturales autocomplacientes; sino con una noción que radica en el origen de la gran cultura de la cual se deriva. La experiencia en que entró nuestro arte contemporáneo regional inauguró una metodología inédita: borrar las fronteras físicas y abolir las cuotas nacionalistas por país: sus obras dialogaban en torno a la memoria, la herida geopolítica y la regeneración cultural.
Además hemos sabido sostener la creación de otras propuestas como Mayinca (Maya+Inca) en 2012 por parte de Rolando Castellón y LFQ, o la misma Mesoamérica Tierra Encendida, en el Museo de Jade (2021) y Mesoamérica Tierra de Huellas (2023/24) en el MADC, ambas co-curadas por Illimani de los Andes y LFQ (quien escribe).
Hoy, 30 años después, Mesótica II es estudiada globalmente como el manifiesto que demostró que Centroamérica no producía artesanías complacientes para el turismo, sino un arte testimonial, crudo, urgente y conceptualmente riguroso. En la situación del maestro Sobalvarro, para cerrar este fisura de la historia su obra matérica, ancestral y mística demostró que su signo no pertenece al pasado idílico, sino a una modernidad crítica de resistencia.
LFQ. Noviembre de 2026








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