Julien de Casabianca: Carga Emocional
Hoy en día repuntan las armas de doble filo (las paradojas) las cuales apuntalan la la manera de apreciar los instituciones artísticas o culturales: las del pasado y las actuales. Las primeras son pétreas e incambiables, herméticas, pero el público que las visita emerge modelado por esas hormas duras (Mitscherlich en la sociología de los sesenta y setenta del siglo pasado). La realidad es que en estos espacios siempre se encuentra lo mismo, nada cambia.
Lo diferente de los museos que exhiben arte contemporáneo es que se reinventan constantemente, en tanto que muchas de las propuestas actuales son efímeras, o, más bien, los artistas exploran la naturaleza cambiante del arte que nos interesa apreciar hoy en día.
“Carga Emocional”
El artista de origen francés Julien di Casabianca abrió una muestra titulada Carga Emocional, en el Museo de Pintores Oaxaqueños, ciudad de Oaxaca, México, ubicado en pleno corazón de esa urbe cuna de maestros como Rufino Tamayo y Francisco Toledo.
La exhibición del maestro Casabianca revela un rasgo de esta reyerta cultural de que hablamos en esta modernidad, la cual Sygmund Bauman caracteriza como líquida ( La modernidad líquida es una figura del cambio y de la transitoriedad: “los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo: duran, mientras que los líquidos son informes y se transforman constantemente: fluyen.)
Por un lado este discurso es intrapersonal en tanto la pieza artística convive entre el artista que la hace y el colector que la protege, o la exhibe en el caso de los museos. Hay una fuerte interacción simbólica con el sí mismo, analizando y cuestionando lo vislumbrado en las reflexiones y puntos de quiebre sobre estas actuaciones, y, en otra perspectiva, está inmersa la sociedad y la cultura. Pertenecen al público, a la ciudad, para dar a conocer el quehacer de sus productores culturales.
Si me preguntan ¿qué significado darle a Carga emocional?, diría que es un lastre que se quiere dejar atrás, que tensa la vida actual. En tanto la obra de arte es un canal de conexión profunda, y, a veces hasta agresivo en el triángulo: artista y obra, artista y museo, artista y sociedad..
En aquellos museos de la pintura y la escultura de ayer emerge un hilo que motiva al espectador a recordar, que vierte en él datos, pero si el visitante no los elabora, se quedan en simples datos sin vinculación entre sí. Son conexiones ancladas en la perpetuidad.
Pero en los museos de arte actual del objeto expuesto emana un aguijón que nos clava y lleva al insondable océano a navegar con los significados, y lo que se encuentra cada día, puede que sea diferente, y lo que aprecie hoy mañana será una quimera ilusión.
El arte de Casabianca
Crea ensamblajes, instalaciones, pilares que sostienen su forma de arte, comienzan con la intervención de objetos y materiales encontrados en entornos urbanos, puede que hayan sido una puerta o un mueble, maletas, cajas, se convierten en soportes de la obra de arte, recordándonos de alguna manera el origen de los “ready made” de Duchamp.
Regeneran diálogos con el arte de otros tiempos, sobre estos objetos plasma figuras anónimas o quizás sacadas de la pintura de tiempos pasados y cuyos fragmentos este artista recompone en un cajón que los libera y los hace viajar con él a la ciudad, al museo, a la colección, a donde quiera que él vaya. Son, como diría el poeta martinico Eddoard Glissant: como sus abismos interiores que el artista porta en la entraña y lleva con él.
Al sacarlos de los ámbitos museales brinda un nuevo respiro interviniendo en nuevos contextos, como lo cotidiano y la vida urbana con tantas tensiones pero que sin esas dinámicas la urbe fenece.
Esta diferencia la comprendemos entre las obras de materiales pesados, fijos, sólidos y un arte que abraza lo efímero, cambiante e incierto de hoy. Lo sólido, trama la eternidad, como el mármol, la pintura al óleo, pero en lo actual se abandona esa solidez material, para ser experiencia, paradigma de la transitoriedad, como la instalación o el performance que existe mientras el artista exista.
Son factores que atañen y subvierten a las obras de arte mismas, alcanzan a provocar discernimiento acerca de los males actuales: guerras, gentrificación, comercio ilícito de estupefacientes, corrupción estatal, ó sea, la obra posee un propósito social, busca utilizar su aura como herramienta para calar la conciencia, transformación y acción comunitaria.
De manera que cada emocional de Julien di Casabianca nos afecta, nos pone contra la pared, o en la mira de esas armas de doble filo.
Luis Fernando Qurós, L´Hoxa Estado profundo del arte hoy. Febrero 2026
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