Federico Herrero en el MAC: Memoria Topográfica



La muestra en la nave principal del Museo de Arte Costarricense (MAC), curada por María José Chavarría, propone un registro visual, emocional y espacial de la ciudad de San José, (donde vive y trabaja el artista). El signo de la propuesta evidencia la preocupación estética del ser actual catapultada por la dimensión del color y la espacialidad, abstracta y minimalista, de un territorio o cuerpo vivo en transformación constante, influido por la calidad del tiempo, no lineal, no métrica ni cuantitativa del reloj, tampoco calendárica marcada por la constante del segundero. Y aquí fluye uno los frutos de la muestra sellando la percepción de esta metáfora de la calidad de lo temporal, que es más emocional y que se mueve entre los no límites del museo e incluso se proyecta al Parque Metropolitano de La Sabana donde se ubica. 

 

Proponen entablar la noción de un infograma de casi tres décadas de trayectoria de Herrero (1999-2026), observando lo urbano como un laboratorio sociológico o antropológico con mapeos que me antoja leer como aquellas cartografías situacionistas de Gui Deboard de los años sesenta del siglo pasado colectando y a la vez conectando memorias recuperadas en caminatas sin rumbo cierto en el entramado citadino, donde el espectador porta en su entraña aquellos abismos o vicisitudes existenciales; de manera que la muestra se vuelve un baño sanativo de aguas refrescantes donde desvanecer la ansiedad y miedos provocados por tantas tensiones intrapersonales.

 

El color como mapa o herramienta cartográfica sitúa cómo nos movemos nosotros mismos, qué escuchamos, vemos, olfateamos, tocamos, percepción global que al final de cuentas marca la historia de quienes habitamos el espacio público, como una extensión de la existencia, representado en la fragmentación de la estructura urbana en tensión con la luminosidad tropical a la cual alude Herrero: La ciudad es asimilada como extensión física de nuestro propio cuerpo, y las paredes como piel sensible del sistema perceptivo. Epidermis-pintura que en esta muestra se traslada a la terraza del edificio para insinuar una sumersión perceptiva, metáfora de una alberca con sus estructuras de trampolín en concreto y cascadas que caen entre los niveles de la loza que la soporta.

 

Puentes de lectura

Y ya que se habla del abordaje urbano, refiero a Platón en La República quien planteó que la ciudad nace porque ningún ser humano es autosuficiente, existimos en comunidades y porque nos necesitamos mutuamente, nos conectándonos en sus espacios como es el museo, a través de las lecturas que hace de ello un artista hipersensible y la idea de la corresponsabilidad colectiva en interacción con el entono, y en lo cual uno se hace al otro.

 

La ciudad como un cuerpo, para el filósofo griego ésta es un reflejo del alma humana a escala magnificada de partes y en mutua conexión. Sus zonas de color abstracto son como bloques que la recomponen, no son elementos aislados, colindan, se presionan, sostienen y delimitan entre sí, tal y como nos comportamos los habitantes. La capital San José que pinta Herrero en esta memoria topográfica, muestra un rincón urbano que no existe sin el otro, tal como el zapatero necesita del agricultor en la noción platónica.

 

El espacio público es el lugar común, o el No Lugar o Espacios del Anonimato en la teoría filosófica de Marc Auge de finales del siglo pasado, la pintura sale de las telas para intervenir la terraza exterior del edificio y así ofrecer un sitio para permanecer y encontramos a nosotros mismos en la experiencia del lugar común, que relaciona al espacio político y social de Platón, pues la ciudad solo existe cuando se habita en forma compartida, en el espacio cromático transitable que nos somete a reconocernos como transeúntes codependientes del mismo entorno. Esta estrategia de Herrero la ha venido aplicando en diversos puntos de la trama de visibilidad y legitimación del arte contemporáneo, en bienales internacionales, pero en el país se recuerda el techo de los baños del Centro Nacional de Cultura, y el Parque Baldonero Vargas de Puerto Limón, para la X Bienal Centroamericana curada por la fallecida Tamara Días.

 

Topografías de los (des)afectos

Las necesidades mutuas del morador urbano son una cartografía de la convivencia. Los colores vibran, las manchas y formas paralelipípedas mutan con la luminosidad, simulan esos flujos, (des)encuentros de las masas humanas que al transitar activan la urbe. Estas zonas de color son cohesión de fuerzas para la pintura la cual convive en el lienzo pero ahora el artista traslada e interviene el concreto, las paredes, las lozas del entrepiso, aceras, calzadas, vías de la eterna urbe. Platón teorizó la necesidad humana mutua, desde la política y la ética, Herrero en cambio lo hace perceptible a los sentidos, la emocionalidad y neuroestética, demostrando que la propuesta tiene sentido en que el paisaje urbano es la huella física viva de esta dicotomía ante la imposibilidad de no estar solos y ante la precariedad que hoy fatiga a las relaciones humanas por la cala de tanta violencia.

 

Herrero, en esta mi propia interpretación libre, opera mapas situacionistas cono los de Guy Devoard en los sesentas del siglo pasado, compartiendo su raíz ontológica más profunda de la psicogeografía, ambos autores, Herrero y Deboard, rechazan la cartografía tradicional y funcional para proponer una lectura poética, sustentada por la neuroestética y la emocionalidad en tránsito hacia la subjetividad.

 

La fragmentación en bloques o placas que creara Debord recortando mapas de París, componiendo los fragmentos mediante flechas o visores sobre el espacio intermedio o vacío, descartando las zonas que carecían de interés emocional e ignoradas durante la deriva. En la situación de Federico actúa en forma similar al aislar bloques de color que flotan en superficies neutras, irrespetando el catastro oficial que interpreta volúmenes fragmentados del paisaje edilicio. El color como relieve psiogeográfico genera vórtices que atraen o repelen el color que afecta el inconsciente colectivo. El color es un estímulo energético y psicológico en el entorno ligados campos cromáticos mayores. Las intervenciones al espacio público de Herrero funcionan como actos “deriva” asociadas a las dinámicas de transitar la urbe para revitalizar la memoria, que la muestra califica como topográfica.

 

Conectar las nociones de este artista con la neurociencia cognitiva es un ejercicio fascinante de análisis espacial y emocional centrado en el color. Daniel Goleman quien refiere a la neuroestética con la inteligencia emocional e inteligencia social, cruza el arte urbano y el entorno como un catalizador de lo público: genera una retícula cósmica que define la abstracción como sanación y el color como regulador emocional, que dispara las relaciones para moldear el estado anímico de los habitantes urbanos. Las paletas cromáticas estabilizan el estrés al liberar cortisona, que se va palpando al transitar estos corredores urbanos.

 

Para concluir con esta prevé reflexión señalaría como aporte de la muestra la pintura expandida, que supera el lienzo tradicional hacia los valores de los volúmenes y arquitecturas del espacio público. La curadora del MAC María José Chavarría, acota en el catálogo de la muestra que “Federico Herrero es conocido por pinturas vibrantes e instalaciones a gran tamaño que expanden el lenguaje de la abstracción hacia a arquitectura, el paisaje y el espacio público. Su trabajo explora el color como una estructura experiencial que se mueve entre la pintura, el entorno urbano y la percepción ecológica.” (Chavarría 2026) 

 

En mi propia mirada crítica reinterpreto que son geografías afectivas transformadoras de las cartografías o paisajes sensoriales cargados de memoria mutua: la tuya, la mía, la del Otro en tanto todas conforman la realidad que promete el museo dilucidar albergando esta propuesta. La sala principal exhibe la cumbre del minimalismo con una gran tela rectangular con una belleza casi (in)apreciable dado su bajo contraste y el azulado atmosférico que se extendió por todo el museo, evoca cuán importante es dar esta ojeada a la naturaleza, admitiendo su supremacía, discurso de tanta actualidad en las prácticas artísticas contemporáneas.

LFQ, junio 2026







Referencias

Marc, Auge. Los No lugares espacios del anonimato. Cedisa 1998.

Chavarría, María José. Catálogo MAC 2026

Glissant, Eduardo. Poética de la Relación. Universidad de Quilmes. 2018.

Platón. La República.

Comentarios

Entradas populares