Sinfónica Escuela Municipal de Música de Paraíso

Concierto el 13 de junio en el Templo Parroquial de Paraíso. Fotos R. Avila.

Canto de las ballenas

Quizás en mi percepción de este concierto influyó el signo alusivo del enorme cetáceo traspasando la visual del cartel divulgativo en redes, como invitación a esta presentación de la Orquesta Sinfónica de la Escuela Municipal de Música de Paraíso, y que en la breve introducción hecha por su director Berny Siles, dejaba abierta a otras narrativas interpretativas por parte del público escucha. La obra se titula “La niña y el Mar y el secreto de la ballena”, 2026, con la violinista Grace Marín, el solista al contrabajo Mark Norton.

Explico qué, esta detonante fue la que motivó mi siguiente reflexión, pero además, vuelvo a aclarar que cuando asisto a un evento e intento manifestar lo que asimilé, pesa mucho mi propia experiencia autorreferencial, porque me conecta al tema con algo percibido con anterioridad, como ver una película, leer un libro, visitar una exposición, u otro concierto.

 


La pieza sinfónica compuesta por el maestro Siles Loaiza, como la estrenada la noche del 13 de junio en el Templo de Nuestra Señora de Ujarrás en Paraíso, posee su propio núcleo de significados, es su corazón, el motor del cuerpo que en este caso es la propia orquesta y el logro de interpretar tal cantidad de matices de tersuras texturales que amalgama la luminosa sonora a la propuesta sinfónica. 

Entonces, el centro esperado del concierto fue el canto de la ballena, mamífero gigante que surca las aguas de las profundidades marinas y emerge a las corrientes superficiales generando una corporeidad majestuosa, presencia captada por su compositor al orquestar el canto, sonido inicial amplificado por seis contrabajos, de los cuales uno era el concertante del maestro Norton y la violinista Marín.

Al hablar del núcleo y del canto de ballenas, referencia que mantuve durante toda la ejecución de esta pieza e incluso me eclipsó la apreciación de todo el concierto, fue la evocación de un filme de 2003 titulado “The Core”, ficción del cineasta británico Jon Amiel, que justamente se traduce como el núcleo, vivencia de dos científicos que lograron sumergirse hasta el centro de la Tierra, por una abertura dimensional que luego de la exploración se cerró, no encontrando otra salida además de perder la fuente de poder de la cápsula que los incomunicaba. Los equipos de búsqueda desesperados por no encontrar aquel sumergible en las profundidades perdieron toda esperanza, hasta que un grupo de ballenas con sus cantos, lograran que la misma nave amplificaba los sonidos emitidos por los cetáceos, capturados por el sonar del submarino que los rastreaba, y así emerger a la superficie.

En este caso, la pieza central del concierto genialmente ejecutado por los diversos instrumentos y grupos orquestales, maderas, vientos, bronces, cuerdas, percusión, y los ya mencionados contrabajos que reforzaron las pautas profundas y notas graves cuando la luz era tenue significando sondear el núcleo del planeta, sonorizando la magestuasidad del canto de las ballenas.


 

Tema del filme 

En tanto Berny dejó abierta la interpretación de su obra sinfónica, y que yo aplico al clímax de la película de Amiel, la nave “Virgil” logra reiniciar el retorno del núcleo donde quedó varada sin energía ni comunicaciones en el fondo del océano. Los dos científicos sobrevivientes activaron la señal ultrasónica de baja frecuencia para generar el desenlace:

Simbiosis con la naturaleza, el sonar de la nave atrae a las ballenas y el canto de estos cetáceos actúa como un amplificador orgánico cuyas ondas devolvían el casco viajando por el agua para ser localizados.

Entonces, que significado podríamos extraer de esta creación de Berny Siles: Qué aún en situaciones adversas como las que vivimos hoy en día, la misma naturaleza, Nuestra Madre dadora nos brinda sus herramientas de auxilio para emerger airosos de las oscuridades o despeñaderos del mundo que están en el profundo centro de la Tierra, por debajo de los océanos.

Sondeando la IA al respecto me devela que el retorno a la luz (orientación) Salir del abismo representa un verdadero renacimiento: el sonar y el canto de las ballenas rompen el aislamiento absoluto, simbolizando el triunfo de la vida con la amplísima interconectividad del planeta sobre el Caos eterno, al quedarse inertes bajo aquellas profundidades terrestres.



Aplicación a una composición contemporánea

El maestro Siles Loaiza, y, -con este argumento crítico cierro mi reflexión-, destacado compositor nacional ganador del Premio Nacional de Música Aquileo J. Echeverría con su Requiem de los años dos mil, investigador cultural y actual director de la Escuela Municipal de Música de Paraíso, se caracteriza por el manejo de un verdadero poli-estilo ataviado de simbolismos y tectónicas aleatorias que ensalzan los carismas musicales que él ha cultivado con gran ahínco:

El abismo y el silencio son texturas atonales y microtonales logradas por las cuerdas en registros extremadamente graves (como las que representaron el canto de los cetáceos), y técnicas extendidas para recrear la presión opresiva de los fondos oceánicos y en particular del de la zona del núcleo o “gran abismo”, útero de la Gran Madre Universal, o agujero negro del Cosmos que según se deduce de las ciencias se tragará el Universo, y al cual yo le asigno la Inmanencia de Dios.

El silencio estructural en Berny Siles es violado con interrupciones abruptas del sonido orquestal, y fuertes sacudidas con el gran casa, dejando únicamente frecuencias estáticas con sutiles zumbidos que representaron el alusivo canto.

El impulso lumínico del sonar que va orientando a tientas el sumergible, emite señales rítmicas e interválicas, como un pulso ro polirritmia obsesiva y minimalista ejecutada con los bronces, maderas y vientos del registro agudo como el “piccolo” o flautín, representando el pulso ultrasónico intermitente que se abre paso en la gran masa sonora orquestal. Además, por supuesto de efectos “glissandi” ascendentes o descendentes como emulación acústica de los “gemidos” que regeneran la espacialidad sónica al canto de los cetáceos.

LFQ. Junio 2026





 

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