Kevin Araya Fernández: Escenas Introspectivas
Entrevista al artista Kevin Araya Fernández por Luis Fernando Quirós
Exposición en el Punto, Centro de Cultura Cartaginesa, Junio 2026
Hoy interesa el manejo del lenguaje del arte, el trazo o pincelada, pero también el tratamiento del color en la ejecución de la obra (técnica), y los conocimientos o apropiación de aquella raíz que adentra en el suelo de lo propio, nuestra cultura y naturaleza, pero también importa la historia y las implicaciones epistemológicas, sociológicas o antropológicas, por la sencilla razón de que hoy nadie permanece aislado en una torre de marfil como en el romántico ayer.
“Escenas introspectivas” de Kevin Araya Fenández (1999), abre las puertas a estos procesos de auto-observación y análisis de estados emocionales de los individuos creativos, pilares para la teoría e investigación del arte.
Introspección es “mirar hacia adentro”, o capacidad de la autoconciencia de comprender las experiencias creativas, que son herramientas de reflexión, y autoevaluación interior.
La muestra en El Punto, Centro Cultural de Cartago, propone reflexionar en estos procesos de la creatividad comprendidos desde la mirada, fundamental como eje narrativo y conceptual. Se trata de reconocer la filiación cultural y natural con el territorio, pues el arte, abstracto, figurativo, o conceptual, se aprecia mejor cuando deja ver su referencialidad, y raíces hundidas en el terreno de lo propio. El músico Paul Hindenmit decía que “el ave nunca canta mejor que cuando está parado en una rama de su propio árbol genealógico”.
Importa hablar, además, de estos procesos mentales internos que originan la emoción y la memoria, e impactan al espectador, esto es fundamental, propio del ángulo de visión de mundo por el cual el artista mira el universo, tanto interior que exterior. Atañe a la experiencia emocional que investiga las bases neurológicas o neuro-estéticas (Goleman Inteligencia Emocional, 2008) reconexión que se vuelve puente entre el sub consciente del artista creador y el cerebro del espectador para facilitar la empatía.
Lectura crítica a lo expuesto en El Punto
Lo que deduzco me conduce a la paradoja de Ícaro, tan significativa en la vida de todas las personas enfrentadas al desafío de vivir, donde tener éxito implica todavía un mayor reto que es sostenerlo, en tanto el instinto humano de querer más nos lleva a atravesar los límites y romperlos, pero esa ruptura es tan peligrosa como no tenerlo. Implica el desafío de salir del laberinto o cueva, útero del mundo, del cual todos provenimos y retornaremos tarde o temprano. El novelista alemán Herman Hess lo describe de esta manera: “Como el pajarillo rompe el cascarón desde el interior del huevo aún en el nido”.
Hoy en día, en el arte, importa el manejo del lenguaje: que va desde la pincelada, la clave cromática, la técnica, pero además de la factura, interesa la manifestación de la raíz ontológica que nos motiva a adentrar al suelo de lo propio: Cultura y naturaleza, pero también historia, técnica, implicaciones sociológicas, antropológicas y psicológicas.
¿Por qué Ícaro? La narrativa griega devela que las “alas postizas o artificiales”, plumas que fueron adheridas a la piel de Ícaro con cera, en la pintura de Araya de la invitación a la muestra, pareciera que son dos aves picoteando las carnes del personaje, ¿cómo explica ese signo tan controversial que delata el planteamiento de su propuesta, en tanto es una conexión agresiva, quizás violenta? ¿Qué está en juego con esa dicotomía que pareciera clavar en vez deplumas los agudos picos o espuelas en las espaldas del sujeto?
La respuesta de Kevin a esta interrogante refiere al signo envolvente del personaje en una fascinación o mito, además por el anhelo humano de volar y trascender a la libertad. Pero, tal y como se vislumbra en la narrativa griega, termina en tragedia por la desobediencia a las advertencias de Dédalo, padre de Ícaro.
Kevin Araya: “Las alas dadas no son naturales ni son un regalo de los dioses, son artificiales y dadas con cadenas y pesos, hunden al personaje en la miseria y la desesperación. Las aves que picotean y se insertan en él, reflejan esto, el presagio de una tragedia y son estas mismas aves las que le dan estas alas malditas. Las aves aquí se interpretan como el reflejo natural de la libertad, pero a la vez es el reflejo de lo que nos es prohibido acceder”.
Respecto al vocablo introspección que está en el título de esta exposición, ¿a quién desafía a consumirse a interpretar lo que ve, lo que siente, lo que interpreta? ¿A quién va dirigido el reto? A veces esos desafíos se nos devuelven y nos hacen a sí mismo. Recuerde el grabado de Esher de 1949 (circa), de aquella mano que en tanto dibuja otra mano, ésta le dibuja.
Kevin: “Siempre en el arte se espera generar algo, dejar alguna reflexión, preguntas. Uno como artista no queda exento a esto, pues al crear uno queda vulnerable a encontrarse con uno mismo, a ver partes de uno que desconocía o no quería ver. Por eso esta serie a pesar de tener un personaje basado en el mito, es una vuelta hacia uno, a verse reflejado en la obra, en la sombra arrojada por el personaje. Y así como eso sucede en uno, la intención es que el espectador cree sus propias interpretaciones, sus propias vinculaciones con su contexto. Vivimos en un contexto país complejo, en un momento en donde la sociedad ha perdido algunos valores fundamentales, como la empatía, el respeto, por mencionar algunos. Esta muestra refleja eso, como nosotros como partícipes de la sociedad estamos incluídos en esa pérdida y que somos responsables activos de lo que pasa a nuestro alrededor”.
En la escena del laberinto o cueva existencial, aparece otra figura alada, ¿quiere representar a Dédalo el padre de Ícaro?
Kevin: “Claro, esa escena remite al momento en donde Ícaro y Dédalo se encuentran volando e Ícaro asciende más allá de las nubes, haciendo arder sus alas por intentar elevarse al Sol, mientras su padre observa desde lejos. La obra se titula “Mito”, precisamente por esto. El padre aquí aparece como una figura observadora, que juzga las acciones, que ve como las malas conductas pueden traer graves y trágicas consecuencias”.
¿Por qué retar al espectador con esta interpretación tan profunda?, ¿qué quiere de él?, ¿qué carácter de introspección plantea para el espectador?
Kevin: “Bueno, como se menciona, el reto es que el espectador se refleje en la obra, que se encuentre, que vincule las escenas y se forme su propia historia basada en su propio contexto. Es una manera de invitar al espectador a hacer un ejercicio de introspección, de ver por qué piensa lo que piensa, de ver por qué actúa de tal o cual manera. Es una invitación a quien mire estas obras pueda encontrarse a sí mismo, o al menos una parte que no conocía”.
Y quizás para buscarle la comba al palo, la inflexión o punto de quiebre, ¿qué tiene que ver esta referencia a las narrativas griegas con usted mismo, como artista emergente y su entorno cultural?
Kevin: “Responde a un interés en generar obra a través de la narrativa, de crear y reinterpretar historias. Tiene que ver con una intención de reinterpretar esta historia clásica a un contexto no divino y no épico. De traer eso a mi realidad e imaginario y darle la vuelta. De verlo a través del lente de un costarricense, de generar crítica a costumbres heredadas, de tradiciones no nuestras y ver qué pasa si son reinterpretadas a nuestra realidad política y cultural”.
Con esta última reflexión cierro el acercamiento al joven Kevin Araya, oriundo del Distrito de Cachí, Cantón de Paraíso.
Abordar la introspección no significa sólo mirar hacia adentro y documentarlo con la práctica artística (el marco de habilidades e inteligencias), sino catapultar lo interior a la vida y cuestionar la realidad reconociendo la identidad del entorno, y nosotros o público seguidor, como contingentes de ese enclave comunicativo. El arte es una pausa en la vida de todas las personas, tan acelerada como la de hoy, admite contemplar estos procesos mentalizados en un acto de resistencia, silencio y cavilación intrapersonal, gestión emocional en diálogo con el inconsciente. Importante que lo deducido de esta introspección motive la dialógica, que sea una derivación problemizadora y cuestione lo que nos proponemos cambiar con nuestras acciones, y no sea mera contemplación del pasado o un arte acomodadizo y complaciente, porque de eso ya tenemos demasiados ejemplos donde cunde la flaqueza del mal gusto y la insustancialidad.
Con “Escenas de introspección” el joven Araya Fernández abre las puertas de la obra a procesos de autoobservación y análisis de estados emocionales y comportamientos de los individuos creativos, que son pilares de esta teoría, y que importan a la investigación cultural contemporánea de lo cual no está todo dicho, aún queda mucha tela que cortar.
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