Arte como Fisura Crítica: "Atisbos de Especulación Intelectual"
El muro de la escena artística costarricense actual, deja una fisura por donde fluye un arte que dejó de ser mero ejercicio de contemplación pasiva, para convertirse en un dispositivo de provocación y cuestionamiento político. Entra en la esfera del juego, del arma de doble filo, de la cual tenemos conciencia sólo de su lado amable, pero sin identificar el que asesina a diario como es la violencia que acecha hoy.
La nueva muestra de Yamil de la Paz García atisba hacia el corazón mismo de dicha arma que denominamos arte conceptual: el juego como dispositivo de captura; pero no sr trata del juego para entretener, sino una estructura lúdica con reglas estrictas donde el espectador, al aceptar participar en el proceso, activa la trampa que lo expone. Sin ese anzuelo intelectual y especulativo, la obra se desarma; por eso es que el azar y el riesgo son condición sine qua non. En todo este itinerario lúdico por las piezas que hemos desmenuzado con esta lectura, éste, el "juego", opera bajo una lógica que intentaré dilucidar a continuación.
La exposición individual “Atisbos de especulación intelectual”, inaugurada el 26 de septiembre de 2026 en Casa de la Ciudad de Cartago —un espacio icónico gestionado por el Tecnológico de Costa Rica—, es un testimonio de esta transición: el juego no se queda incólume, como paso se transforma y nos transforma a los espectadores. A través de un entramado de instalaciones, obras conceptuales y vestigios de arte/acción, la propuesta del conceptualista local funciona no solo como una galería de objetos, sino como un mapa de hitos reflexivos, rutas diseñadas para desmantelar las certezas de lo mirado respecto a esta tendencia, que en el país encuentra sus propios matices.
Preguntar a la IA
Nos devela una estructura para comparecer ante un foro de disección social indispensable para comprender las derivas de nuestra propia contemporaneidad, y lo hace estructurando un conjunto de elementos clave:
La visualización de hitos e hilo conceptual implica hacer explícito cómo el artista hilvana metáforas visuales para guiar el pensamiento del espectador.
Como visión y posicionamiento estético está enmarcado dentro del arte/acción y la no-contemplación focalizadora de la crítica a la sociedad; e integra las problemáticas del individuo frente a las macroestructuras de control, política y economía vigentes.
El anclaje institucional resalta la idoneidad de la Casa de la Ciudad en Cartago como catalizador del diálogo, en tanto ésta es una casa patrimonial de Cartago que sobrevivió a los
terremotos como el de 1910, o anteriores a esa década, pero se mantiene erguida como espacio del pensamiento crítico que propicia la cultura:
“Memoria Histórica”
El corpus de esta propuesta que se exhibe hoy en la primera sede del Instituto Tecnológico de Costa Rica (TEC) ocurrió oficialmente el 10 de junio de 1971, bajo la firma de la Ley Orgánica Nº 4777. El punto exacto cargado de ese simbolismo histórico es el Edificio Pirie, inmueble donado por la Municipalidad de Cartago que sirvió como su primera sede administrativa el cual es hoy resguardado hoy precisamente, como patrimonio arquitectónico bajo el nombre de Casa de la Ciudad, para emplazar la cultura que ha sido fundamento del TEC desde su creación hará más de cincuenta años y que hoy alberga esta exposición y es el primer hito a especular e interpretar con la lectura de un código numérico al cual Yamil recurre en esta u otras exposiciones.
“La acción Play Drink”
Fue titulada originalmente por el artista como Plei Drinc, funciona como un espejo de la alienación contemporánea y el colonialismo cultural. El signo sobre el objeto, para Jean Baudrillard es la acción de "pescar" la lata vacía o del refresco, que no responde a una necesidad real (el objeto de la acción), implica el deseo de participar en el simulacro de la marca y la experiencia lúdica (el signo). La absorción lingüística del letrero en "inglés escrito como suena" (Plei Drinc) ironiza sobre cómo importamos no solo los productos, sino las estéticas y modas del lenguaje global sin digerirlas del todo. El idioma se consume de la misma manera rápida e inconsciente en la que se bebe un refresco. La automatización de la masa que representa el público, al interactuar y jugar a "pescar" las latas con herramientas hechizas, completa la obra convirtiéndose en cómplice. Yamil plantea una metáfora perfecta de la globalización; pasamos el tiempo atrapando desechos flotantes con la ilusión de que estamos ganando un premio, pero atrapados en una dinámica de consumo diseñada desde afuera. Cabe mencionar la paradoja del “Fetiche urbano” (1968) de Mitscherlich, ese objeto que al mismo tiempo que hacemos, nos hace.
“La geografía del despojo”
Colocar el pastel sobre un mapamundi lo vuelve lienzo donde históricamente se han dibujado las fronteras del saqueo y el expolio. Los tres platos vacíos representan visualmente las macro-regiones, y los estratos de población que se quedan esperando las migajas del sistema global. El arte conceptual aquí opera como un catalizador de realidad que rompe la burbuja del espacio artístico para recordarnos que, fuera de esas paredes, miles de millones de personas nacen con la mesa ya repartida, sin una sola cucharita que quede a su alcance.
“Dos láminas, dos preguntas”
Foucault argumentaba que el poder también se ejerce con el lenguaje; lo que se pregunta en voz alta empieza a parecer posible. Una pregunta puede ser un tanteo, una prueba de cuánto soporta una sociedad. Convoca a una narrativa oficial del poder; la incertidumbre es el territorio donde el ciudadano duda, pero también donde reside la posibilidad de resistencia. Formular la pregunta es (como ocurre hoy en día al interactuar con el algoritmo de la IA), en sí mismo es un acto político, que obliga al espectador a posicionarse y a descubrir qué tanto está dispuesto a tolerar, a arriesgar, o a callar.
“Dos afiches. Uno afirma; el otro duda”
El artista se cuestiona, “Si todo es político. ¿Qué cambia cuando lo declaramos? ¿Qué pasa cuando alguien se atreve a cuestionarse si lo es?”
Cuando el afiche que afirma nos obliga a declarar que "todo es político", destruye la ilusión de neutralidad. El poder corporativo y estatal sobrevive gracias a que asumimos ciertas cosas como "naturales" (el trabajo, el consumo, el lenguaje, los roles de género). Al declararlo político, le quitamos la máscara de normalidad. En el territorio de lo espiritual se afirma que aquello que se declara a viva voz condiciona el flujo de las acciones del devenir, las hace pero a la vez nos hacen. Potencia la ya mencionada paradoja sociológica retratada por Escher (1949 c.) con la litografía de la mano que al dibujar se dibuja a sí misma.
Declarar algo como político cambia las reglas del juego porque pasa de ser un hecho inmutable a ser una decisión colectiva. Si las cosas son políticas, significa que fueron construidas por seres humanos y, por lo tanto, pueden ser modificadas, desmanteladas o reescritas por otros seres humanos. El cambio radica en pasar de la sumisión pasiva alagenciamiento activo.
La farmacéutica y el diseño del cebo da en el blanco
tradicionalmente, una trampa (como la de los ratones o la pesca que veíamos en Plei Drinc) usa comida real como cebo. Hoy, la industria farmacéutica diseña la carnada a la medida del dolor que el mismo sistema produce. No cura la causa de la herida; te ofrece el analgésico ("el puñado de píldoras") para adormecer el síntoma y que puedas volver a conectarte al cable mañana. Es una obra profundamente sombría que nos recuerda que sobrevivir en estas dinámicas contemporáneas. muchas veces significa aprender a consumir anestesia para soportar el voltaje.
El espejo, la frase y la imagen
Esta última acción cierra el círculo conceptual de Yamil de la Paz García confronta al espectador con su propia hipocresía. Al colocar el espejo grabado con la pregunta “¿Cuándo fue la última vez que cuestionó su consumo?”, la obra deja de ser un objeto colgado en la pared y se transforma en un juicio clínico e inmediato en esta exposición.
Análisis de las propuesta
El poder destructivo de esta última pieza radica en la fractura del rol pasivo de quien visita la galería: el espectador como verdadero desecho. En las acciones anteriores (Plei Drinc) o el pastel del World Inequality Report), el público miraba el problema de la globalización o la riqueza como fenómenos externos, o jugaba a la pesca de manera lúdica. Aquí, el rostro del espectador queda atrapado detrás de las palabras, obligándolo a reconocer que él es el pez que muerde el anzuelo, el cuerpo anestesiado por las farmacéuticas y el consumidor ciego de la marca.
El espejo devuelve la mirada. No te permite contemplar la estética de la obra; te obliga a contemplar tu complicidad. Al leer la pregunta en voz alta mientras ves tus propios ojos, el texto opera bajo la lógica foucaultiana ya mencionada: el lenguaje se convierte en un examen médico del alma contemporánea. El arte ya no te entretiene, te interroga.
Lo brillante de esta última pieza es que, al responder mentalmente a la pregunta, el espectador activa el dispositivo. Si la respuesta es "nunca" o "hace mucho", la culpa te asalta; si la respuesta es "ayer", el espejo te recuerda que, aun sabiéndolo, seguís parado ahí, consumiendo signos, cultura y objetos dentro de un espacio de validación artística.
La obra en esta manifestación del conceptualista coterráneo es un laberinto sin salida: la certeza de nuestra adicción al consumo se encuentra de frente con la incertidumbre de no saber cómo escapar de ella, teniendo como único testigo a nuestro propio reflejo.
Con esto cierro mi reflexión
En estos mismos días el conceptualismo doméstico está de fiesta con esta aproximación conceptual de Yamil de la Paz en Casa de La Ciudad, y el 7 de octubre Rolando Castellón abre otra muestra en la Escuela de Arte y Comunicación de la UNA, titulada “Arte Consexual de Conceptellón Lúdico & Alegría”, el maestro siempre jugando con sus heterónimos y sus materias telúricas y ancestrales.
Se dijo al inicio que con precisión ontológica el corazón del arte conceptual es el juego como dispositivo de captura y centro neurálgico de la obra de arte contemporáneo. El juego como un acto pedagógico. El juego como una instancia política o apolítica. En esta muestra “Atisbos de especulación intelectual” en Casa de la Ciudad del TEC en Cartago, la obra se desarma; por eso el riesgo de jugar es condición sine qua non. En todo este recorrido por las piezas de Yamil de la Paz García desmenuzadas, el "juego" opera siempre bajo esta lógica, o recibes el premio por tu participación o de la obra emerge una mano que te da una implacable bofetada.
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