“Buscar la comba al palo” Salón Nacional de Artes Visuales 2025, entrega del catálogo


El libro presentado.

El Museo de Arte Costarricense (MAC), presentó el pasado 9 de abril el libro-catálogo del Salón Nacional de Artes Visuales 2025, estuvo a cargo de María José Chavarría, Curadora de este museo, Sofía Villena, Curadora del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC), y quien escribe (Curador independiente), jurados de este evento junto con el historiador de arte y en ese momento director del MAC, el maestro Esteban Calvo.

Se habló de la importancia de un catálogo impreso, de indiscutible calidad, con apropiada documentación de textos de los artistas, fotografías de obras ganadoras y seleccionadas para exponerse, e imágenes tanto de la inauguración como de las salas constituyéndose en la mejor memoria para la historia cultural del país.

Sin embargo, al exponerse las razones en cuanto a documentación, archivo y exhibición, labor irreprensible para un museo en la actualidad, salta la duda sí el vocablo “Salón” se adecúe a las instancias que resignifican el arte hoy, y pienso que, para este comentario crítico, nos quede algo provechoso, y regenere algún análisis y conclusión acerca de este punto clave. 


LFQ, Sofía Villena y María José Chavarría

 

¿Qué representa el catálogo impreso?

El análisis instituye un acto de validación histórica y compromiso institucional que trasciende a la simple documentación, por lo tanto, importa deducir el significado profundo de una publicación del género en el contexto cultural costarricense, lo cual articula una serie de datos en un sondeo a la IA:

“Validación y legitimidad histórica”, al dar continuidad a los salones de los años setenta y el reinicio de éstos ocurrido en 1993 por parte del MAC, el documento impreso, entonces, se convierte en testimonio para insertar a los artistas seleccionados en la historia del arte nacional, otorgándoles un respaldo que en el formato digital no siempre logra con la misma autoridad simbólica, pues, la documentación virtual es más efímera, en cambio, la alternativa física promueve la democratización del arte al entregar un ejemplar sin costo alguno a los artistas, además fomenta el diálogo intergeneracional, trans-institucional y trans-provincial entre artistas, curadores, jurados, museos, universidades, y la comunidad artística del país que hoy más que nunca marca un circuito de validación y comunicación interregional, no solo con el istmo centroamericano sino que incluye a México y Panamá: Mesoamérica, la patria de los Aztlán, sugún el curador e historiador chicano Thomás Ybarra-Frauto (Foro Ante América en el MADC 1994).


Los catálogos de los salones de los setenta.

Presentación del libro

Como invitados a la mesa para externar sus referencias al Salón y el libro presentado, trasciende la existencia del formato para catálogos y su importancia para la documentación y archivo, proyectándose a la memoria cultural del país, y como dije, región. 

Entre otros aspectos la curadora Chavarría recordó los procesos de los salones, evocando lo ocurrido con las obras premiadas, las cuales no todas se quedan en el museo, o incluso, comentó que en los años setentas a los salones los patrocinó la empresa privada, y la obra premiada era propiedad de aquella empresa. Mencionó el caso de LACSA, una línea aérea que desapareció con el teje y manejo del mercado global.

Sofía Villena por su parte manifestó la importancia de incluir los textos o “statements” de los artistas seleccionados, para lo cual ella impartió un taller de escritura con el pensamiento crítico y autocrítico de cada artista. Agrega que también se programaron encuentros con los seleccionados y eso por supuesto reflejó el éxito del evento. 

En mi caso personal recordé cómo eran los catálogos en los primeros salones de los setenta, detallando, como participante el 4to y 7mo Salón Anual de Artes Plásticas de 1975 y 1977, evoqué que esos eran tiempos influidos por el pragmatismo norteamericano, cultivo de las apariencias, lo que llamo “mitotecnia”, o ciencia para “apantallar”, y esa tónica social era reflejado en el catálogo, el cual incluía sólo la foto del artista, su currículo -demasiado extenso por cierto, porque incluían hasta de lo que iban a morir-, pero carecían de un importante texto de análisis de la obra para estar en el salón o del arte del momento, además, y algo muy reprensible, no incluían fotografías de la obras. 

O sea, la documentación estaba centrada en la persona del artista y no en la obra como sí ocurre hoy y es correcto hacerlo. Para los investigadores culturales esa carencia provoca un verdadero dolor de cabeza. Revisando otros catálogos como el de la Primera Bienal de Pintura Centroamericana de 1971, ocurría lo mismo, y en el único texto incluido, el del secretario general del CSUCA, no mencionaba los resultados y aportes para el arte del istmo en aquella coyuntura.

En esta perspectiva crítica acerca de otros salones, transparenta el aprecio o valor que se da al arte por parte de un Estado. Destaca que, con el libro presentado, se advierte el aprecio por el arte y la cultura, pero al menos desde los museos mismos, que de la cultura oficial.


Público asistente a la presentación

Preguntas, comentarios, propuestas: Punto de inflexión 

Los comentarios por parte del público, apoyaron la posibilidad del MAC de entregar un catálogo impreso tan de alta calidad en aspectos de documentación, tiraje a todo color, optimo gramaje del papel, buena fotografía y un diseño adecuado, además de abundantes textos que para un estudioso del arte son motivos para valorar los resultados, trascendencia y derrotero a marcar por las nuevas tendencias tan sustentadas en lo conceptual. Además de que fue significativo al convocar a unos trescientos artistas a enviar sus propuestas, dato  que se reflejó en el importante número de personas que llegaron a la inauguración y al contenido mismo del catálogo presentado.

Conversando, luego del encuentro en el MAC con el maestro Rolando Castellón, quien fuera el primer curador del MADC, externó una crítica al nombre pues el vocablo “Salón”, refiere más a la clásica noción del referente o “Salón de Otoño” de París, e incluso más atrás, y que en nada calza con el arte expuesto hoy en día para esta importante convocatoria en el Siglo XXI, carisma que genera un punto de quiebre para el análisis y reflexión de la oportunidad existente hoy para mejorar el nombre del evento.

El arte actual, como se ha dicho, al ser más conceptual, efímero y participativo, exige una identidad que sugiera movimientos o ideas en vez de sólo la necesidad de un espacio físico: “Salón” guarda parecido a paredes tapizadas con cuadros enmarcados con gruesas cornisas doradas, o esculturas al estilo Donatello, recuerda la controversia que originó el nombre al movimiento Expresionista francés, a inicios del siglo XX, que fueron denominados “Fauvistas” (fieras).

En algunos países incluso no tan lejanos, trasciende el uso del vocablo “NODO”, el cual sugiere un punto de conexión en una red, o circuito de validación y circulación, connota a un arte vinculante de distintas disciplinas o “instancia” apropiada para algo que ocurre hoy, e implica menos del concepto de lugar, más bien refiere al suceso alcanzado por las experiencias contemporáneas.


                            Sesión de preguntas y comentarios

Espacio sin paredes

La idea de “plataforma”, por ejemplo, vincula más a una base que se construye sin paredes limitantes, como las de un salón de estructuras rígidas como suelen ser. Atañe a las teorías del antropólogo francés Marc Auge de Los No Lugares , espacios del anonimato de finales del siglo pasado, y que ya son usados como un “No Salón”, o una “No Bienal”, sin ir tan lejos. 

Entonces, la incertidumbre propaga un buen punto de inflexión que albergue una instancia múltiple sugerente de “choque de ideas”, tecnologías actuales y/o lenguajes visuales ilimitados, campo abierto a proyectos de investigación e innovación que irrumpen con el formato de lo tradicional.

Además, como consecuencia de lo contemporáneo debe ser más de carácter minimalista, centrado en la intención de hacer fluir lo conceptual, dispositivo consecuente con la teoría del arte actual, que suscita la reacción a la acción provocada por el artista con un carácter de pensamiento divergente, no lineal, rizomático. Prevalece la noción de “enclave”, sitio con identidad de ecosistema cultural mayor e idea de “Plataforma de convergencia” para articular una red de conceptos de exhibición y más de diálogo social. 

           Impresiones de algunas artistas participantes en el salón 2025


Conclusión

Importante que el evento de presentación del catálogo nos deje algo más que hablar de las bondades de la publicación, es necesario reflexionar, discutir y analizar, por ello insisto en repasar esta dialógica respecto a lo que podría ser el nombre del evento principal, dando respuesta a la crítica externada por el maestro Castellón, cuya voz disidente y disonante reprueba la clásica noción de otros tiempos. “Nodos de validación en Artes Visuales”, “Convergencias Visuales para un museo actual que se reinventa o regenera”, quizás pueda ponerse a la próxima administración y dirección en el gobierno que empieza en mayo con la Presidenta, doña Laura Fernández, para adecuar la cultura a los nuevos tiempos y a un arte que también se transforma e impacta con su espíritu cambiante. 

El término artes visuales refiere a puntos de conexión, a plataformas de gestión que articulan circuitos de creación, investigación y difusión artística, pueden referirse también a redes de colaboración donde se proponen conceptos teóricos del arte contemporáneo y no cerrarse a un pasado que se disipa de la noche a la mañana.

LFQ. Abril 2026

 

 

 

 

  

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