Contemporaneidad y Armas de Doble Filo
Muestra “Lo que me habita, lo que me traspasa”, curada por la salvadoreña Alexia Miranda para el Centro Cultural de España en San Salvador, El Salvador, marzo 2026, reúne obras de intenso contenido crítico, del juego ambigüo del Ser y lo que nos afecta hoy en día incluyendo al entorno. Las expositoras son María Eugenia Chellet, Elia Arce, Patricia Villalobos Echeverria, Emma Segura, Illimani de Los Andes, Regina Aguilar y Alexa Miranda.
Externa la curadora que el interés de la propuesta focaliza diversos procesos de percibir lo que nos rodea, que va desde la reunión en un taller sobre textiles para anudar las vivencias y narrativas de lo que “traspasa” a las mujeres artistas, y, dicho en sus propias palabras:
“Exhumar los restos del dolor, las pérdidas, el erotismo, el juego, la locura, la sonoridad, los cambios en el cuerpo con el paso del tiempo, la nostalgia, el humor negro y la necesidad de transformar la realidad en poesía visual, en objeto de poder, en fetiche lúdico, en memoria acústica, en fragilidad, en movimiento corporal, en acto de vida, en acto de muerte”. (Miranda, texto curatorial 2026).
Irreprensible realidad
Crear arte y validarlo en una región con tantas carencias y urgencias elementales para circular, exhibir, documentar, es un desafío y constante recordatorio de una realidad que a veces se dispara a niveles inalcanzables.
Lleva a pensar, en mi caso de crítico como un lector a distancia de lo exhibido, que esta experiencia posee doble validez, en el intento de traspasar los muros de lo que por décadas se ha dado a llamar el “back yard” o patio trasero de Estados Unidos, del acoso político, del comercio de la ropa americana usada, del tránsito de remesas, espacio y tiempo de migraciones que no hacen más que atestiguar la realidad inmemorial un continente de caminantes y navegantes, buscando un mejor sol que brille en el horizonte.
Importa concientizar los aportes a la dialógica actual desde la perspectiva feminista, pero también avistar a la conciencia sobre minorías, tratamiento de género, diversidad y conciencia colectiva de tantas problemáticas. Cuestionar esta identidad, como quizás lo hizo Castellanos Moya con “El Asco”, enmarca, desde lo literario otra cala de vicisitudes del ser y la cuestión del territorio, refiere a una Mesoamérica que nos agranda pero a la vez disminuye, desde la odiosa percepción del Otro.
No sólo fluyen en esta tratativa la cual cuaja en la muestra, la exploración del diálogo intergeneracional y transnacional, en un istmo ampliando a México, pero con robustos discursos y valorizaciones de lo ancestral y natural.
Al preguntarnos ¿qué aporta para insistir y redoblar la conciencia acerca de la ecología y consciencia, en esta ojeada al arte de las mujeres con sus sensibilidades y añoranzas, no sólo en el terreno personal y/o colectivo, sino en el suelo de la identidad como un rasgo muy cercano al florecimiento esperado por el paso del “baktún Maya” en 2012, o al “Quinto Sol” que visionaron los zapotecas a este tiempo de transición que ya nos está cambiando? La pregunta estará siempre abierta y la respuesta no menos esperada.
Diálogo de artistas pioneras mesoamericanas
Arroja respuestas cómo y en tanto esta es una mirada analítica y en suma crítica, frente a la emergencia. Conlleva la actitud de conectar e identificar la fragilidad del entorno, la naturaleza, la cultura, con el cuerpo y en particular el femenino, centro de irradiación de pensamiento y sensibilidad y pertinencia bio/cultural de la región.
Erigen pilares para propiciar y evolucionar las discusiones ante las tensiones sociales, pero también estéticas, políticas, y aquello que atañe a la mujer artista en el contexto de las prácticas artísticas.
Afirmar además qué, no sólo avista a las tensiones intra-personales y/o colectivas del territorio y su entorno o naturaleza, sino también a los conflictos sociales e individuales que les atraviesa, que traspasa a estas comunidades, evidenciado la necesidad real de sostener espacios de resistencia, resiliencia y reflexión. Dicho en una jerga elocuente y cuestionante: sondear las estructuras de poder, amenazas y desesperanzas atinentes a una memoria histórica que a veces se desvanece, e implica no sólo a las mujeres, sino a todos los moradores terrestres.
Diría que Alexia Miranda asume una fuerte y valiente crítica matizada por lo estético, cultural, pero también lo político, con lo que a veces se teme decir, pero que es sensato reconocer en un medio y cultura como el de esta región.
Reafirma lo que somos o identidad con lo que nos traspasa que provienen incluso de otras fronteras, que nos encasillan con periférico o tercermundista.
Dice que somos: “Actuantes y observadores conscientes; estamos ante el escenario de la impunidad desnuda, ante el atropello de los seres más vulnerables del planeta. Somos sujeto y objeto; es una cuestión de humanidad la que nos trae hoy a enfocar desde esta mirada, que, de manera analítica, poética y sarcástica, decide ser escuchada, ser documentada, ser vista en esta muestra”. (Texto de pared de la curadora).
Atendamos a algunos estamentos de las artistas en los textos para conformar la muestra:
Emma Segura Calderón deduce un pensamiento teórico, que da paso a la experimentación con el textil y la escultura blanda como extensiones del cuerpo y la identidad; espacio para un encuentro y creación colectiva en torno a lo textil como lenguaje sensible y político de la actualidad.
La Diosa del Banano de Elia Arce-Orlando Britto Jinorio, surge de la reflexión ante la colonización agrícola y cultural en el territorio de Costa Rica, el banano como símbolo y metáfora de poder en la región. La historia cuenta que en la zona del Caribe costarricense existieron numerosas plantaciones de cacao fructíferas para una buena economía local, pero al introducir el poder hegemónico en aquellos suelos las bananeras, aniquilaron el cacao con prácticas insanas y aniquiladoras de aquella cultura afrocaribeña.
María Eugenia Chellet, 50 Años Después, transcurre de manera teatral y crítica con una producción que alude a la ficción cinematográfica absurda y ridiculizada, en la que la artista encarna personajes de forma lúdica pero al vez punzantes del paso del tiempo y la vulnerabilidad del cuerpo actuante.
Regina Aguilar monta en la sala dos foto-instalaciones tituladas La Poderosa y El Super Macho Global, son una reflexión como símbolo interno de cada mujer donde anida la “diosa Kali”, en contraposición al «Supermacho Global» que se proyecta sosteniendo sus valores de posesión y acumulación de poder. Son como la espada de doble filo, “símbolo de guerras, conflictos y avaricia generados por el sexo masculino a través de la historia, evidencia los valores culturales del macho y el escudo protector que esconde su ego”.
Lágrimas de Renacimiento y Lágrimas congeladas vivas y muertas forman parte de la serie «Embalsamar a mis ancestrxs» (2016-2026), de Illimani de los Andes. Aborda la noción de un cuerpo de obra nacido como ofrenda a sus muertos. Comenta que refiere a sus abuelos, a su tío y, sobre todo: “a mi hija mayor”, cuya ausencia traspasa su vida y práctica artística.
Illimani comenta: “En Lágrimas de Renacimiento, el calor de mi vientre derrite lágrimas congeladas hasta devolverlas a la tierra como una sustancia amniótica y luminosa. El dolor se transmuta en una energía de gestación: un acto maternal que no busca olvidar, sino reanimar la memoria”.
Hover, de Patricia Villalobos Echeverría explora la inestabilidad del sitio y del cuerpo. En el mar, el cuerpo es rechazado y subsumido por olas violentas, mientras que, sobre la nieve, se muestra frágil y vulnerable en el nuevo lugar donde ha aterrizado para, así, aludir a cómo el cuerpo es simultáneamente acogido y expulsado por ambos territorios.
Finalmente se exhibe “No veo más allá de mi nariz” de Alexia Miranda. “Es una denuncia a la falta de empatía del ser humano ante el dolor del otro, en un mundo convulsionado por el hedonismo, el egoísmo y la inmediatez.”
Comenta Miranda: “En ese mundo en el que ante nuestros ojos desfilan grandes actos de crueldad y corrupción, nosotros seguimos resguardados (mientras aún se pueda) en nuestra zona de confort, pero los recursos son finitos y el estado de sobrevivencia provoca acciones oscuras en el individuo”.
50 Años Después de María Eugenia Chellet. La obra de Chellet dialoga directamente con el kitsch, en esta pieza la estética de tragicomedia mexicana al estilo de novela de Corín Tellado nos ilustra en la primera escena a una mujer pasiva que espera a su amado, ilusionada con la idea del amor cortés sujeta al antojo del otro y al devenir del destino, luego años después esta mujer encarna al personaje de la “Femme Fatal” erótica y agresiva que decide cobrar venganza por el maltrato y el abandono con sus propias manos. La obra transcurre de manera teatral con una producción que alude a la ficción cinematográfica absurda y ridiculizada, en la que la artista encarna personajes de forma lúdica.
Crítica elocuente
Siempre la habrá, y es saludable externarlo, diría que actúa el síndrome de mirar las marquesinas de los cines, y decir “ya la ví”. Como si no aflorara tanta realidad a la escena de un istmo tan convulso y precario en el que estamos, pero que inspira otras jergas y discursos.
Dura realidad enuncia esta propuesta en San Salvador, importa sintetizar que es una inflexión sobre la emergencia global y exploración del territorio, geográfico, pero también humano: visualización intergeneracional y reconocimiento de las tensiones de la época, que mejor entendidas podrían ser el áurea de atracción al público, que a veces ronda estos no lugares, (Auge 2005), como son los espacios del os museos y galerías para lo cual se espera articular lo que nos (in)forme.
Distingue el abordaje al cuerpo y los matices de identidad que nos afectan. Los objetos, instalaciones, fotografías, videos son herramientas de exploración y creación, evidencian los procesos internos que validan la identidad y la memoria, radiografía de “lo que nos habita”. Pero también se avista hacia factores externos, referencialidades y conexiones con el entorno, pero también con el contorno, lo que está más allá de nuestros bordes, o, “lo que nos traspasa”.
Otro punto fuerte del abordaje, y con esto cierro mi ojeada virtual a la muestra, es la cartografía mesoamericana contemporánea, al incluir figuras clave de diversas trayectorias y nacionalidades, constata la universalidad cultural existente en el área, el aporte inclusivo y el acceso a la pluralidad de su cultura.
Importa decir que en tanto todas son armas de doble filo, tal y como se afirma en el título, nos hacen y recuerdan aquel grabado de Escher de mediados del siglo pasado cuando una mano que dibuja, al mismo tiempo se dibuja a sí misma.
LFQ marzo 2026
La Diosa del Banano de Elia Arce-Orlando Britto Jinorio,
Emma Segura Calderón El taller
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