Década de los 70: Arte con Historia Propia
Zulay Soto, collages con periódicos, revistas y momentos de los años setenta.
Fernando Carballo, Dibujos de la serie Los ángeles malditos, 1975. Colección de Arnaldo Moya Gutiérrez.
Fernando Carballo, Dibujos de la serie Los ángeles malditos, 1975. Colección de Arnaldo Moya Gutiérrez.
Zulay Soto, grabados de la serie Izquierda erótica, años setenta.
Esta manifestación crítica la motiva la destrucción inmisericorde ocurrida en Oriente Medio, donde el anticristo se enseña en gastar fortunas en drones y misiles, pero que no salen de sus propios bolsillos, sale de los nuestros, quienes vemos impávidos como nuestros ingresos se disminuyen debido a las prácticas de la destrucción que están aplicando los ejércitos israelíes y el norteamericano para mantener feliz al maligno, al verdadero enemigo de la humanidad.
Estas tristes motivaciones me llevan a repasar el arte político, que aún así, es el que me gusta ver y crear, el cual acusa esos horrores ocurridos en el campo de batalla, que revisa lo que se ha hecho en la historia del arte, partiendo de esos insumos conceptuales y críticos. Y desde esta perspectiva valorar el arte de los demás, de nuestros contemporáneos y el de la generación que emerge en el panorama de las prácticas artísticas contemporáneas.
Observar el estire y encoge del acontecer cultural del país, y, en particular, mirarlo desde la perspectiva del arte actual, hoy, en esta realidad tan acusiante más de medio siglo después de que todo ocurrió, implica considerar las tensiones de poder manifiestas en ese entramado, sacando conclusiones actuales acerca de las remezones ocurridas en aquella década de tanta germinación y de enriquecedora semilla, la de los años setenta.
Contexto cultural de los setenta.
Además, es oportuno revisar los antecedentes que llevaron a germinar lo político en el arte, de tanto interés hoy, en el mundo, en el ámbito centroamericano y costarricense, en el patio trasero como lo ven los políticos del poder hegemónico a Centroamérica; se trata de un posicionamiento crítico asumido y desarrollado en décadas subsiguientes.
Otra de las aristas que intento analizar en este ensayo, clarifica la situación del arte cartaginés de aquella década, donde aflora la remembranza personal, en tanto ese fue mi contexto de partida y clave de formación en el campo de las artes visuales.
La guerra fría enfrentó a dos grandes bloques mundiales: Este y Oeste, incrementando la tensión política en nuestro contexto centroamericano, en el “back yard” de los gringos. Fueron tiempos además del movimiento “hippie”, que conquistó a la juventud mundial, cuyo espíritu rebelde lo que buscaba era oponerse a la guerra de Vietnam, adversar el desastre castrense con una clave contraria a lo bélico: La felicidad, ideal de un mundo de ensoñación aliado a la naturaleza, a la paz y el amor, acuñando como programa estético el lenguaje de lo psicodélico que implica el alma. En nuestro contexto recuerdo los grabados y collages de Zulay Soto, originaria de nuestra provincia.
Entonces, me pregunto, ¿no deja de considerarse esa posición no beligerante del movimiento hippie, una asunción a la esfera de la política, adversando y contrariando como asunción creativa a las prácticas militares de aquel entonces y que aún persisten?
Cuando comencé a sondear el discurso teórico y crítico del artista español Canogar, quien planteó que todo investigador visual, quien emplace la reflexión sobre la realidad, asume un arte político, pero también pedagógico, y separa con toda contundencia ese carácter del pensamiento crítico de lo político-militante.
Añade:
“El arte no es necesariamente político por sus mensajes del mundo ni por el contenido estructural de sus conflictos, también lo es en la medida en que nos permite distanciarnos de esas funciones narrativas”. (Canogar 2014)
Karin Thomas, en su Diccionario de Arte Actual, 1978, ya desde esos años lo denominaba de esta manera:
“El arte políticamente comprometido se sirve del duro lenguaje de la agresión, del repulsivo y de la ironía para escapar al desgaste de un proceso de asimilación que también pretende suavizar la argumentación crítico-ideológica que se produce en la marea del consumo artístico”. (Tomas, K. Diccionario de Arte Actual. Labor 1982. P29)
Marco Aurelio Aguilar. Redención. Pintura al óleo 1968
Al referir a la visión del arte comprometido políticamente -de lo referido por la Thomas-, confronta a una realidad muy actual, cuando el mercado se constituye en ente de poder, con tácticas de dominación estudiadas desde el marketing para impulsar el consumismo, y en tanto también se habla de filibusterismo moderno. Usa tácticas o armas de posicionamiento sicológicas, y, quien no se sube a la ola del consumo, se siente al margen de la sociedad. Quiere decir que, mucho del arte contemporáneo en el cual arraiga la crítica irónica, sagaz, y el humor negro, respecto al mercado u otras instancias de poder, vuelvo a preguntarme con mordaz duda: ¿Es o no es arte político?
En aquella década de los setenta, en el movimiento que brotó en Cartago, en la Escuela de Arte Juan Ramón Bonilla, con la agrupación de trabajadores de la cultura La Puebla de los Pardos, referencia el grabado de la Käthe Kollwitz (1867-1945)
en cuya ruta iconográfica no habían armas, pero si dolor, desesperación, martirio, el dolor de los campos de concentración y exterminio nazis, donde la niñez era separada de su padres y madres, tal y como ocurre hoy en los Estados Unidos con las deportaciones y violencia de ICE contra los migrantes, impulsadas por el anticristo.
Cartago y otros referentes
Al buscar aclarar el significado de lo investigado, me devuelve ahora a tiempos de juventud cuando comencé a relacionarme con el círculo de pintores de esta ciudad. Corrían los primeros años de la década de los setenta, los referentes artísticos locales eran Marco Aurelio Aguilar, Goyito Obando, Hernán Hidalgo, Carlos Moya, Zulay Soto, Fernando Carballo y Jorge (Koky) Valverde, pintores y escultores que abrieron la escuela de arte que llevó el nombre del distinguido escultor cartaginés Juan Ramón Bonilla.
Se recuerda al pintor Moya Barahona, quien era docente en la Facultad de Bellas Artes, Universidad de Costa Rica; y a Margarita Quesada Smith, acuarelista de Paraíso. Marco Aurelio Aguilar, quien además fue profesor de arte del Colegio San Luis Gonzaga, se le apreciaba caminar en las vías de la ciudad con un porte distinguido. Me refiero a estos aspectos en tanto que, en la actualidad, las relaciones de poder, son muy distintas. Hoy a la persona del pintor no se le rinde aquella pleitesía de antaño, pero, importa evocarlo en este contexto.
Aguilar, era invitado a eventos sociales y culturales donde tenía un asiento seguro, y eso era un símbolo de poder. Una de sus pinturas “Pregoneros”, 1935, expuesta en la muestra “Extraña Infancia: Una mirada a la niñez representada en el arte costarricense” 2019, Museo de Arte Costarricense (MAC), curada por Sofía Sotto-Maffioli. Se deduce que hoy en día se valora estar en una muestra curada para un museo, e impacta también, tener alguna obra en la colección, así como una reseña de lo expuesto impresa en un libro, revista idexada, catálogo, brochure, periódico, blog, o libro publicado por alguna editorial del país o el extranjero.
Y, como muestra, un clavel, la actual exposición de don Marco Aurelio en el Museo Municipal de Cartago, es uno de esos escalones para la validación de su aporte: Subir la Cima, curada por quien escribe.
< https://lhoxa.art/catalogs/M.A.Aguilar%20Catálogo%20.pdf >.
Expone su pintura “Redención” 1968, de la colección del IAFA. Pintada precisamente en los años de gran algarabía política de los estudiantes universitarios del mundo criticando al Sistema Educativo de aquellos tiempos, y años del brote de la cultura hippie, con todos los cambios actitudinales que fueron conquistados, delante de las presiones del poder de entonces.
A mediados de los setenta surgió en esta provincia el grupo “La Puebla”, proponiéndose llevar el arte a las comunidades alejadas de la ciudad, organizaron exposiciones y fundaron en 1979 el Parque de la Expresión, en los jardines de las Ruinas. Para una muestra realizada en Casa de la Ciudad del Instituto Tecnológico de Costa Rica en 1975, incluyeron una presentación en el brochure, que, aunque no intentó proclamar manifiesto alguno, el escrito perfila el posicionamiento político de esta agrupación, importante de rememorar en el presente estudio:
“Los acontecimientos mundiales de la segunda mitad de la década de los sesenta, y los setenta, caracterizados por cambios, ruptura y transformación de las estructuras sociales y culturales que colapsaron el mundo moderno.
Nos reunió la época de los “hijos de las flores”, de las protestas estudiantiles (el fatídico 68), la masacre de Tlatelolco y de la mano contestona levantada contra lo opresión obrera y las dictaduras oligárquicas de América Latina.
El arte no debe ser un panfleto propagandístico en pro de algún eje político, sin embargo, la actitud de muchos artistas a partir de dichos acontecimientos cambió, hacia un papel de trabajador de la cultura y no de la idea decimonónica que entronizaba a un romántico en su taller.
Costa Rica no es la excepción en aquella coyuntura y la tranquila “vieja metrópoli” en particular, no pudo estar ausente: Un grupo de artistas e intelectuales cartagineses reunidos bajo el nombre de la legendaria “Puebla de los Pardos”, que se caracterizó por su actitud subversiva e inconforme durante la colonia, canalizó aquella actitud para afrontar las nuevas maneras de definir y desarrollar el trabajo cultural, y de hacer llevar el arte a las comunidades, y a los sectores periféricos desfavorecidos por las políticas de siempre centralistas de la cultura nacional.
Se fundó en aquella época (74-75) la Escuela de Arte Juan Ramón Bonilla (escultor cartaginés que obtuvo renombre en Italia), dentro de ésta se gestó el movimiento cultural que dio origen al grupo, el cual llevó a muchos pueblos exposiciones de pintura, música, poesía, teatro, danza, proyectando el compromiso real del artista con la cultura y su naturaleza.
Nos reunimos bajo la sombra del árbol más robusto, el artista Fernando Carballo y la maestra Zulay Soto, para discutir y aprender, leer y analizar, a hacer tangible la lectura del mundo. Allí conocimos desde el manifiesto comunista, hasta las teorías del psicoanálisis y los nuevos ejes filosóficos contemporáneos. Disfrutábamos de las lecturas de Cortazar, Borges, Hess, Tagore, Kavafis, Debravo, entre otros, como también dimos “gracias a la vida” cantando con la chilena Violeta Parra. Un homenaje a figuras de la cultura nacional que nos acompañaban como los maestros Hugo Díaz y Gonzalo Morales (hijo)-
Toda aquella reflexión suscitada en el grupo llevó a dar temple al acceso, que, como artistas, requeríamos de frente a las nuevas formas de arte, y a una actitud crítica sustentada en la adquisición de nuestra propia visión del cosmos. Hoy evocamos, sobre todo esos caracteres formados en el grupo, y que acompañan la diversidad del trabajo cotidiano de cada uno.
Roberto Cabrera, pintor guatemalteco que residió gran parte e su vía en el país.
Referencialidad
El grupo La Puebla surgido en Cartago en los años 70, renovó el arte nacional al alejarse de la academia tradicional y adoptar las nuevas vanguardias, asumiendo el simbolismo figurativo y la denuncia social.
Sondeada la IA respecto al grupo, tal y como se actúa hoy aprovechando la tecnología en este caso aplicada a la investigación artística, nos devela esclarecedores aportes:
Renovación estilística. Marcó la transformación del arte tradicional a lo contemporáneo.
Contexto y memoria. Enfocó el imaginario cartaginés que exploraba la identidad local, y la memoria con lecturas del contexto social y lo cotidiano.
Gestión cultural. Fue un colectivo de gestión comunitaria referente, que impactó los lenguajes sociales de la década, promoviendo el arte en las comunidades alejadas y periféricas de la provincia y evitando los centros o hegemonías culturales valle-centradas.
Se cita a Jorge Castillo, Guido Chinchilla, Dinier Matamoros, Luis Carlos Calderón, Adrián Gómez, además de los maestros ya citados.
En conclusión
El Grupo La Puebla, además de promover exposiciones, encuentros, ferias de arte en la ruralidad cartaginesa y nacional, participó en muestras internacionales como la tenida en la ciudad de Graz, Austria en 1977; de la cual sólo sobreviven cuatro dibujos de mi autoría, rescatados por la colección de Mario Bonilla Ch. Además, ejemplifica la “estética del oprimido”, abordaje donde cunde el dolor que empuja la guerra y la dominación hegemónica y filibustera de siempre, y que tanto insiste el sistema noticioso actual a veces tan sesgado.
Referencias
Manifiesto del Grupo La Puebla, 1975-1995” (Brochure de muestra Grupo Puebla, 1975 Casa de la Ciudad, Cartago)
Tomas, K. Diccionario de Arte Actual. Labor 1982. P29
LFQ. Arte Cartaginés 1975-2025, publicado en el archivo de arte: https://lhoxa.art/catalogs/Repasar%20el%20arte%20cartaginés.pdfcontemporáneo L´Hoxa.
Canogar, R. Arte Político. 2014. P29) (http://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/14_mar_2015/casa_del_tiempo_eV_num_14_27_31.pdf)
< https://lhoxa.art/catalogs/M.A.Aguilar%20Catálogo%20.pdf >.
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