Gutiérrez, Herrera y Maffioli en Gráficas Pictóricas

Galería Nacional Marzo 2026

Apreciar lo que exhiben tres artistas costarricenses al abordar la abstracción, sume en una introspección razonada a cada paso, a cada aporte, a cada sesgo de diversidad e innovación. Interpretar estas obras gráficas de Cristina Gutiérrez, Fabio Herrera y Mario Maffioli, expuestas en la Galería Nacional, acrecienta, pues es su lenguaje propio, símil del macro universo el cual como el arte se transforma a cada instante dentro de su complejidad estética. 

Entonces, se habla de esencia, de sustancia del origen, analiza la perspicacia humana al visibilizar su inmanencia, filiación y/o procesualidad intrínseca, lo cual es un regalo de este diálogo del arte.


¿En qué innovan con la abstracción?, y ¿cuál es el aporte al arte nacional?

Los artistas se pusieron de acuerdo para explorar aquello que les impacta de la abstracción. Manifestar la energía lumínica del color, pero también el gesto del trazo que como el oleaje del mar es portador de fuerzas generadoras de acción, visible e invisible, que origina la relación figura/fondo con sus transparencias y texturas visuales.

Aportan la creatividad o capacidad humana de innovar, de reinventarse a sí mismos. Ocurre, porque un hilo de luz baña los lienzos al disponer los pigmentos o materiales, lo cual contiene el interés de las obras, sean virtuales o físicas, apoderadas por el espíritu del arte, lo que en otros términos llamamos inspiración, ingenio, creatividad.

 



La investigación estética de Cristina Gutiérrez con sus “graphos”, que expuso en “Disrupción de los límites” Museo de Guanacaste en 2024 -su “Guanacaste” añorado-, deriva de la memoria y que aflora en ella desde temprana edad, cuando permanecía largas temporadas en la casa de sus abuelos en Playas del Coco descubriendo aquel tesoro, esas sustancias encontradas que fueron expuestas en el evento principal del Festival Internacional de las Artes FIA Liberia 2024, representando la acción entre la materia y ese rayo de luz que impregna su técnica y lenguaje propio; reflejando la cultura y origen natural.

Otra pieza de esta autora está conjugada con las claves del color provenientes de los oleajes, representa los pastos marinos, las rocas y escolleras, las conchas y caparazones de los moluscos y vegetación costera, propio ahí donde ella anida sus energías creativas para trascender, corroborando que la vida humana se originó en el océano, resignifica el parto de la Madre Naturaleza al ser preñada por el Universo, padre y señor de lo creado.


Se habla de génesis como totalidad, dentro de la inmensidad está Tierra, el mundo simbólico tal y como lo comprenden nuestros ancestros originarios: El Supramundo y el Inframundo, la vida y la muerte, la gracia y las sombras que están en constante confrontación relacionados por el Axis Mundi, la Ceiba pentandra por cuyo tronco erecto se mueven esos espíritus. Se habla del bien y el mal que los orientales llaman Yin Yang refiriendo a la unidad entre el Sino y el Designio, a lo cual estamos ligados todas las criaturas vivientes. 

 

Lectura de signos

Aquellos trazos en negro observables en las obras de estos tres maestros del arte costarricense, simbolizan la entropía, significativos en tanto pueden generar variedad de lecturas, al aludir aquellas cargas existenciales que a veces se ensañan contra la vida y lo humano, pero también su opuesto: el trazo sensual y cargado de erotismo, con las pulsiones carnales que, al ser esencias, fluyen a cuentagotas.

Estas gráficas me mueven a pensar en el compositor inglés Gustav Hols: con “Sinfonía de los Planetas, Op. 32, suite orquestal en siete movimientos, escrita entre 1914 y 1917. Y en particular el último movimiento, cuando la orquesta se une a un coro femenino que nos deja boquiabiertos ante una especie de lluvia de estrellas, situada por la carga astrológica que tanto influye en nuestros destinos.

Si en sus piezas anteriores Gutiérrez Cruz, con “Graphos” en blanco y negro representó el origen y el agua, en la siguiente visualiza el fuego y la sangre del origen, aquel volcán interior que portamos en la entraña: Incandescencia absoluta que no puede ser observada de frente y sin protección, de lo contrario nos fundiría en su incandescencia. Alinea el germen de la pasión, expansión, la sangre que hierve potenciada por la carga pulsional, la cual emana, como se dijo, de la Madre Tierra preñada por el Sol.

 

Esta muestra, y las obras de los tres expositores, es una deriva de las fuerzas cósmicas, hipérbola cuyo trazo traspasa la totalidad de lo expuesto en la sala de la Galería Nacional, abriendo un intersticio a partir de tres formas de pensamiento, disparadas por el ingenio en el arte costarricense contemporáneo.






Fabio Herrera y Mario Maffioli: Experiencia totalizadora

Las piezas del maestro Herrera poseen otra singularidad: Están al borde del inminente lirismo, orbitan las fuerzas del Universo en relación constante con su poética, con aquel fuego apasionado que él cultiva por el color, por los gestos formales y lúdica impregnante del lienzo lo cual representa su existencia humana, con sus vicisitudes y escaramuzas interiores.

 

La abstracción de Mario Maffioli, a su vez, transita otro borde más de origen material, vertido durante su investigación cotidiana con los soportes y pigmentos para objetivar una categoría libre, diversa, pero a su vez propia y que la teoría del arte denomina como abstracción, donde el origen es una huella concreta e inmanente, con cuerpo, peso, dirección, acción recíproca o puente que liga a los sus contendientes en aquella sala.



Trasposición y transparencia

Diría que, si la obra de Gutiérrez Cruz está impregnada de sonidos y vibraciones áureas, la de Herrera la impregna la poética y excelsa armonía cultivada en el probar hasta lo imposible en el arte. Entonces, Maffioli, implica el soporte, el fondo, el lenguaje y técnica que emerge de esa intensa acción material actual. Los tres, Mario, Cristina y Fabio pronuncian vocablos derivados de la investigación material, como lo de Herrera es contenido excitado por la energía innata de Gutiérrez, despierta al conocimiento de recursos y soportes de Maffioli. Esta correlación en la esencia que nos permite ver y recargar nuestras propias energías de espectadores.

Diría que esta conjunción es óptima, muy transparente entre sí implicada por el uso de las herramientas de esta contemporaneidad, razón para trenzar un diagnóstico virtual, válido en tanto y cuanto la clave no está en la herramienta, si no en la cala de las preguntas que nos planteemos en nuestras inflexiones buscando la comba al palo.

En lo expuesto excita una convergencia fundamental para reafirmar la vigencia del arte gestual y la abstracción lírica, explora cuál es el signo de la identidad del entorno de lo habitado, lo que nutre nuestros discursos derivados de la misma naturaleza o entorno, o Bio/Cultura mesoamericana.

Representa un diálogo interpersonal, al reunir tres visiones distintas de un mismo carácter: trazo, gestualidad, signo primigenio que eleva los abordajes a lo cotidiano y natural, entablando un ritual que los reafirma.

Hay una acción material y técnica que ellos experimentan para consolidar la carga emocional y telúrica de la pintura actual, aunque en el fondo se trate de obra gráfica, de matices y recursos explorados en lo digital, colores luz y tecnología apropiada por estos talentos.

Conforman una relectura del paisaje y los objetos que nos rodean, dotándolos de nuevas capas de sentido cuyos resultados estéticos, expresivos y técnicos nos sumen en la interioridad, intentando validar el principal punto de quiebre que impele reflexionar sobre estas transformaciones en tiempos de virtualidad y la reyerta creativa.




A manera de conclusión

Es a partir de premisas que sustenta un patrimonio visual aportado por una gestualidad inagotable, que no está en la máquina, ni tampoco regala la tecnología, aquí nadie regala nada como reza aquel decir popular “lo que Natura no da, Salamanca no lo presta”, eso lo decían los ancestros instigados por el logro, esa gracia creativa está en la mano y pensamiento del creador crítico, consciente, que se auto-cuestiona lo que sabe hacer para transformarlo, para tener algo nuevo qué mostrar.

La ilusión de impacto sobre la materia, la cromática y densidades de las superficies y los trazos que generan el interés en el sustrato del lienzo, constante referencia al gesto que imprime lo humano, siempre diverso, siempre cambiante, siempre poético, pero, lo que sí es cierto hoy, es que lo potencia la calidad de materiales y el uso creativo de la máquina o tecnología.

LFQ, marzo 2026

 

 

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