Retornar al origen: El lenguaje sagrado de la Abstracción de Ernesto Pérez
Recorrer la muestra “La Miniatura” en la Casa González Flores de Heredia, implica retornar al origen del planeta, a sus profundidades donde la tectónica de las capas y su materialidad evoca la estética de la abstracción. Se dice origen, en tanto recuerda que las culturas originarias vernáculas manejaban este lenguaje y dominio geométrico en textiles, arquitectura y objetos, que aprendieron de la contemplación a la Madre Naturaleza: Las corrientes de los ríos y/o océanos, vientos, rayos, los tremores volcánicos, la piel de reptiles, entre otros referentes que convierten a la propuesta en una pulsión del origen, en gratitud al planeta que tanto nos da para la vida.
El artista costarricense Ernesto Pérez Ramírez (1992) exhibe esta intensa propuesta pictórica, y conceptual titulada “La Miniatura” en la sala Alfredo González Flores de la ciudad de Heredia; Costa Rica, la cual se convierte en epicentro de la exploración artística con 900 piezas en formato miniatura, e invita al espectador a un viaje visual en el cual indagar los enigmas de la abstracción. Y dije conceptual en tanto que la propuesta museográfica tan singular, aporta a la muestra al disponer una especie de flujos o rutas, líneas curvas y contracurvas sobre el piso y paredes de la sala, acompañadas por una materialidad compuesta de vestigios de obras trituradas que sirve de soporte visual para los recorridos, y, si uno se cuestiona el significado de reciclar otras obras, desencadena otra perspectiva quizás hasta más amplia que sería todo un tema para muchos otros artículos o posibles disertaciones.
Carga de conceptualidad
Mi lectura de esos flujos es como de ríos, cascadas, causes que enmarcan el carácter de la topografía y geografía terrestre. El valor de esta idea no reside en el virtuosismo técnico de la escala reducida, sino en la idea, la mediación -porque el artista es docente-, y el cuestionamiento del espacio por el que transita el observador aporta lectura de lo expuesto. Obliga al visitante a modificar su postura física y de aproximación, rompiendo la tradicional distancia de contemplación que no es solo física y ergonómica, sino afectiva. Pintar en pequeño formato por otro, no radica en la destreza, sino que adquiere una carga metafórica que adjetiva el objeto en el arte. Además, lo propuesto es un puente dialéctico para generar inflexión sobre el tamaño, el detalle y la percepción visual.
Lo pequeño implica un universo íntimo que desafía las dinámicas monumentales acostumbradas, refuerza la concentración, mental y emocional.
Al descontextualizar el objeto despoja a los elementos cotidianos de su función habitual para ataviarse con lo poético. Quizás ésta es una de las lecturas que trata el artista, la que más me ancla a ejercitar mi sentido de interpretar el arte y la poética de las profundidades de la Tierra, a través del riguroso ejercicio compositivo con acrílicos sobre cartón. Pérez Ramírez se sirve de la escala mínima para articular un discurso de magnitudes universales: de lo macro al microcosmos o viceversa, destacando su sensibilidad poética, como en una suerte de “historieta” o infograma, interpretando los fenómenos en esas texturas y signos en los cuales nos sumergimos los espectadores en el recorrido por las salas, catando el tratamiento del lenguaje y el pensamiento del artista.
El sentido de la acumulación
Recrea la inmensidad y el caos organizado, símil de la propia corteza terrestre que sugiere la propuesta, que, desde la perspectiva de mi lectura, es una cartografía emocional e instintiva del planeta. Una sumersión en el lirismo de la abstracción, dejando de ser un ejercicio meramente teórico y técnico de la pintura actual, para convertirse en la metáfora de un ecosistema vivencial -dispuesto tal y como adelanté en el piso y las paredes de la sala-, como si fuera agua y roca subterránea, tratada como una voz actuante a través del color, la escala mínima y la repetición constructiva.
Al preguntarnos qué aporta esa exploración de la escala mínima como dispositivo de la memoria, la intimidad y accesibilidad visual, diría que para desafíar la monumentalidad tradicional del arte y sus significados culturales.
Democratización de la mirada
Al obligar al visitante a acercarse físicamente a la obra, rompe la distancia del espacio museo o galería transformando la contemplación en un acto íntimo y reflexivo, o introspectivo consigo mismo.
La inclusión y mediación cultural aporta accesibilidad pedagógica a este proyecto, convirtiendo sus aportes en herramientas didácticas para diversas poblaciones, incluyendo al sector discapacitados.
La resignificación del patrimonio que es otro punto en tensión, implica que, al exhibirse en una casa histórica y patrimonial, el diálogo entre el micro formato y la escala arquitectónica colonial resalta el valor de lo cotidiano, lo local y memoria comunitaria costarricense.
En una época dominada por pantallas macro y bombardeo digital, propone la miniatura artística es un acto de resistencia visual que invita a la pausa, a detallar y rescatar el oficio de la pintura en tiempos de redes sociales y la virtualidad.
Concluyendo
Alguna vez, refiriéndome a al trabajo de Ernesto, comenté que la abstracción de la que él se ocupa es como la luz o la sustancia misma del color, son indetenibles e intocables; se trata de un gesto instintivo o azaroso, de lo volátil o transformante al experimentar la pintura y la poética, cuyo campo de generación creativa es lo intangible e inconstante, pues lo vierte la transformación, lo que se conduce hasta tocar el límite, ahí se desvanece y cambia retornando al origen. Es como la liquidez de la noción temporal, jamás ancla ni se detiene.
En otra lectura cuando conocí estas experiencias de Pérez Ramírez, publicada en la columna de arte dominical del medio en línea “Paraíso con Voz”, en septiembre de 2025, dije:
Cuando el pintor mueve la brocha o el pincel con los pigmentos sobre la tela, genera una determinada forma, textura, timbre. Se trata de una sonoridad simbólica que adquiere el poder, pues nada detendrá al artista a reforzar ese gesto, más bien lo acrecienta.
Dicha gestualidad es similar a la música (Porque siento mucha musicalidad en todo este aporte), en tanto es una manifestación abstracta, la cual se desfragmenta y a la vez se recompone con diversas dinámicas de tonalidades o polifonías generando lenguajes, poéticas sonoras de infinita inmanencia, o “alma”, pues sin ésta carecería de valor, no significa nada.
Esto es un indicador del nivel de la propuesta, pues no es una sola lectura, sino que en la amplitud de lecturas que promete el arte contemporáneo, se entablan nuestra versiones, propias de un crisol que las renueva y contextualiza.
(https://www.facebook.com/search/top/?q=ERnesto%20Pérez%20Ram%C3%ADrez%20en%20Para%C3%ADso%20con%20voz)
Las fotos son de Rebeca Ramírez y Constanza Blanco.
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