Zulay Soto: Memoria, Objeto y Poética
El reciente material audiovisual producido en video por la Universidad de Costa Rica (UCR), en homenaje a la artista cartaginesa Zulay Soto Méndez (1941), está vinculado a proyectos de investigación en rescate y conservación de archivos culturales costarricenses, y es, en esencia, extensión misma de su obra o legado, en tanto ella obtuvo su Licenciatura en aquella Escuela de Artes Plásticas en la década de los años setenta. A través de una densa y emotiva compilación de fotografías, recortes de prensa, catálogos históricos, video titulado “Zulay Soto: mujer rompe y rasga”, creado por las historiadoras del arte Hanna Gómez y Paulina Solís, devela la existencia de un “taller mental” (que va con ella a donde quiera que llegue porque lo porta en la entraña. Glissant 2018) de una artista multidisciplinaria quien transformó el acto de coleccionar y registrar la historia del arte y la cultura costarricense, en un manifiesto artístico inquebrantable.
(https://semanariouniversidad.com/cultura/archivo-de-zulay-soto-cobra-nueva-vida-gracias-a-investigacion-de-estudiantes-de-la-ucr/. Artículo del Semanario Universidad).
( https://youtu.be/zkcfN61a8t8?si=gt6vnC372HWgpN_x ) (video UCR).
Características del aporte
Como mirada arqueológica manifiesta en el dibujo, el rigor y la estética de este proyecto de investigación realizado para el Museo del Jade, le requirió comprender el alma de la propuesta: Hurgar en las raíces de su profesionalidad como testimonio del pasado ancestral mesoamericano. Su experiencia en el estudio, registro gráfico y documentación de objetos de los pueblos originarios del continente, no fue una labor meramente técnica de directora de un museo; fue un crisol propio de su lenguaje visual o forma de arte.
Soto trabajó el dibujo de objetos arqueológicos, disciplina exigente por precisa, científica, guiada por el arqueólogo también cartaginés Carlos Aguilar del Museo Nacional de Costa Rica, labor que ella ejecutó con sensibilidad y rasgos de una estética profunda. Cada línea, la sombra y textura en el papel que documenta la cerámica o el jade, fueron un ejercicio de comunión con la práctica de “escuchar” los objetos, entender su volumen y valor de cada fragmento como portador histórico.
De la vitrina al collage
La noble acción de hurgar el valor del objeto encontrado como una simbiosis entre la metodología de campo y el taller artístico en la creación libre, devela que el calibre está en la transición natural hacia las corrientes estilísticas de lo encontrado, como el ensamble y la instalación, propios del arte actual. Para Zulay el objeto no muere al perder su función original o utilitaria, como ocurre con lo arqueológico al desenterrar un tiesto cerámico y devolverle su sentido histórico cultural y patrimonial, activa el rescatar elementos cotidianos y residuales del olvido, otorgándoles su propia dimensión estético-cultural, regenerando un diálogo visual donde lo documentado de su propia vida recibe el trato sagrado de una pieza museística. Sus papeles viejos y recuerdos que son “texturas de lo vivido”, dejan de ser mera acumulación documental para erigirse como obra plástica-visual matérica, estructurada por la experiencia museística de cuando ella fue directora, curadora y museógrafa del Museo de Jade y Cultura Precolombina del INS.
“Extrañamiento entrañable y emocional” es clave del documental presentado en la Benemérita Biblioteca Nacional en julio 2026, con la agudeza de archivo personal de la artista, funciona como reconstrucción de su realidad y de resistencia contra la fragmentación de los recuerdos, y lo logra aplicando los principios de la conservación y catalogación a su propia vida y obra: Zulay Soto es un museo viviente. No colecta papeles por azar, es quizás en mi caso personal la zona de su trabajo que más me ancla, por no decir “me gusta”, recolecta memorias selectas con un sentido de intimidad y vibración histórica de lo pulsional en la búsqueda o investigación creativa que se genera desde su taller, el cual tiene un valor enorme en el video, filmado desde su jardín y con sus obras, espacio donde sus nietos cultivan el arte musical que ella tanto amó, el rock setentero, carga de rebelión de querer romper las estructuras carceleras de las estructuras académicas, que ella abrió ventanas como fue la Galería Amighetti, en pleno corazón de San José donde se daban conciertos juveniles y acudía el espíritu del renacer y florecer de la nueva época propia de los setenta. En sus propias palabras acota la urgencia de salvaguardar el legado como máxima vital:
“La vida tiene que ser contada y documentada, para que no le inventen la leyenda negra”. (Zulay Soto. Video, 2026)
Espejo para las nuevas generaciones
Este video trasciende el homenaje a la primera mujer en dirigir el museo y su original práctica artística de los ya mencionados años setenta. Funciona como clamor urgente y poético a conservar el patrimonio “afectivo” al lado de lo histórico de Costa Rica, ante una marea del olvido o pérdida de identidad de un tiempo que queda sumido bajo capas de detritos del tiempo y la sociedad. Al registrar este “microcosmos” de vivencias de la artista cartaginesa, hace convivir la arqueología con el orden y rigor museístico, pero con la libertad del arte del objeto encontrado y regenerado en el collage, que acuñó el Arte Pop. Pero además la condescendencia del arte matérico y Póvera de los sesentas del siglo pasado, influyen en el espectador para comprender como este inventario que en el arte contemporáneo no siempre nace de un lienzo en blanco, o de una “piedra bruta”, sino de la paciente labor de rescatar, documentar, y “estetizar” los vestigios de lo que decidimos no olvidar, porque si no se hace, el arte se diluye, pasa desapercibido o se hunde bajo de los escombros de esta realidad tan bombardeada por lo light o la “mitoecnia” (ciencia de apantallar). Este es el valor del rescate y aporte de las historiadoras de la UCR, aglomerado en un documento visual emocional, cargado de sentimientos o afectos, y vivencias en el “Museo de la Zulay”.
Para concluir con este comentario
Comento que su experiencia formadora en conservación y restauración en el exconvento de Churubusco, México, además de su militancia cultural con La Puebla de los Pardos, agrupación cartaginesa formada en 1975, encabezada por el maestro Fernando Carballo, Jorge Koky Valverde, Carlos Moya, entre otros, la cual llevó la cultura a las comunidades alejadas de los centros o nociones de hegemonías “valle-cetrales”, marcadas por la frontera del Ochomogo; demuestra que Zulay vio el arte como un ejercicio “ilimitado”, que no se ajusta a cuatro paredes o a la romántica “torre de marfil”, sino que hizo de esta herramienta de descentralización de resistencia, la oportunidad para regenerar de un diálogo horizontal, social y cultural de esta patria costarricense tan maltratada hoy en día por las no-políticas en lo estatal.
LFQ, Julio 2026
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